Entrevista:

"No pude protegerme del personaje de Sylvia Plath"

Gwyneth Paltrow viaja al abismo emocional de la escritora estadounidense

Gwyneth Paltrow pasó una prueba de fuego con Sylvia, la película sobre la mítica poeta Sylvia Plath. El proyecto había nacido envuelto en polémica y con la oposición tajante de la hija de Plath, la también escritora Frieda Hughes. "Nunca, nunca en un millón de años, iré a ver el filme", dijo, al tiempo que negaba a los productores y a la directora de la cinta, Christine Jeffs, los derechos de reproducción de la obra de sus padres, la estadounidense Sylvia Plath y el británico Ted Hughes. La heredera expresó incluso su ira en versos de su propia cosecha: "Piensan que debería darles las palabras de mi madre / para llenar la boca de su monstruo / su muñeca suicida Sylvia".

Intentando olvidar el bullicio de fondo, Paltrow se lanzó a interpretar el papel estelar del filme frente a Daniel Craig en la figura de Hughes. Pero días antes de sumarse al rodaje, en el otoño de 2002, la tragedia llamó a su puerta. La galardonada actriz perdió a su padre, el productor Bruce Paltrow, y la muerte la condujo a un estado de confusión y profunda depresión. Sin tiempo de lamer el dolor, la heroína de Shakespeare in love se vio empujada, a sus 31 años, a emprender el tortuoso viaje de Plath, desde su apasionada relación con el poeta laureado hasta su suicidio en 1963. "No acertaba a distinguir al personaje de mi propia persona. No sabía dónde concluía Sylvia y dónde empezaba yo", desvela en Londres en una entrevista con un grupo de periodistas.

"La directora Christine Jeffs no se ha apartado en ningún momento de la verdad"

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Ahora, la vida vuelve a sonreír a la protagonista de Sylvia (que se estrena hoy en España). Paltrow ha sellado en una boda secreta su noviazgo con Chris Martin, cantante de Coldplay, y celebra su primer embarazo cancelando hasta los más esenciales compromisos profesionales: "No pienso trabajar durante una larga temporada".

Pregunta. ¿Influyó la muerte de su padre en su aproximación al papel de Sylvia Plath?

Respuesta. Sí. Mi padre acababa de morir y todavía lo sentía como en carne viva. No pude protegerme del personaje Sylvia. Fue una experiencia muy dura, pero tanta dificultad me enseñó a no perder el tiempo. Ataqué el papel de la forma más cruda posible. Me dije: "Voy a exponer hasta el fondo de mis entrañas sin guardarme nada en mi interior". Con su muerte, ha cambiado mi perspectiva del trabajo para el resto de mi vida.

P. ¿Se ha forjado una explicación al suicidio de Plath?

R. Influyeron muchos factores. Ella tenía una idea muy romántica del amor, como algo duradero, y hablaba de un agujero que se había abierto en su interior con la forma de su pareja. Pensó erróneamente que Hughes rellenaría ese agujero y la salvaría del cisma interno. Pero nadie es capaz de rellenar tal agujero. Ella se descorazonó, pero también sufría de una depresión genuina provocada por desequilibrios químicos. Creo que se suicidó debido a una combinación de cosas, y también estoy convencida de que Hughes la amaba. No se puede leer su poemario Cartas de cumpleaños y dudar de su amor por Sylvia Plath. Estamos ante dos artistas brillantes y complicados que tuvieron dificultades para vivir juntos y para vivir separados.

P. ¿Considera fundado el recelo de Frieda Hughes ante lo que ha denunciado como explotación comercial del suicidio de su madre?

R. Frieda nunca leyó el guión y, aunque yo tampoco he hablado con ella, pienso que está en contra de la idea de explotar la historia de su madre. Pero el filme es muy equilibrado. Podíamos haber convertido a Hughes en un monstruo y culparle del suicidio, pero no estábamos interesados en ese aspecto de la historia.

P. ¿No le dio reparo ignorar la oposición de Frieda Hughes?

R. Entiendo su postura hasta cierto punto. Pero la película no trata de Frieda, sino de sus padres, y ambos han muerto. Es una historia alucinante que poca gente conoce. Desde el punto de vista histórico me parece importante explorar las vidas y la relación de estos dos increíbles artistas.

P. ¿Cuál fue su primera reacción ante el montaje final?

R. Me causó una impresión muy profunda. El papel me había supuesto un reto enorme. Sylvia era una depresiva maniaca. No era capaz de controlar sus emociones, eran más fuertes que ella misma. Por mi parte, trabajé duro y me entregué en el papel completamente. Me sentí emocionalmente desgastada al ver la película. Pero, al mismo tiempo, muy satisfecha de su integridad. Christine Jeffs no se ha apartado en ningún momento de la verdad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 19 de marzo de 2004.

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