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Editorial:

El mal menor

Quizá por la influencia de Estados Unidos, que no desea conflictos de ningún calibre en América Latina, o bien por pragmatismo político, lo cierto es que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido extraordinariamente flexible en su negociación con Argentina. El Gobierno argentino ha llegado a un acuerdo con el FMI para pagar inmediatamente 3.100 millones de dólares de deuda - con lo cual se evita de forma inmediata la suspensión de pagos- a cambio de que la misma cantidad de dinero vuelva inmediatamente al país en forma de créditos. Una transacción que evita la incómoda situación en la que hubieran quedado tanto el Fondo como Argentina si el acuerdo no se hubiese firmado. Se ha evitado el mal mayor. El caso es que Argentina tiene ahora que presentar a la aprobación del FMI sus planes económicos, aunque con la seguridad de que serán aprobados y, por tanto, no habrá malas notas que perjudiquen el flujo de créditos e inversiones.

El episodio del acuerdo tiene importancia, además,como ejemplo de la condescendencia con que está tratando el Fondo la complicada situación económica argentina. El presidente Néstor Kirchner se ha revelado como un duro negociador de la deuda y una vez más ha dado la impresión de que no cede ante las peticiones de pago del Fondo y de que siempre obtiene ventajas políticas de sus forcejeos. Puede que esa impresión sea correcta en ocasiones, pero lo cierto es que Kirchner tendrá que mejorar la oferta de pago a los tenedores privados de deuda pública argentina. Recuérdese que el Gobierno argentino ofreció pagar 25 centavos por cada dólar invertido en bonos, una quita del 75% que no convence demasiado a los inversores.

Se extiende la idea de que el FMI trata con demasiada condescendencia el problema de la devolución de la deuda argentina. Horst Köhler -que será el nuevo presidente de Alemania- y la directora interina, Anne Krueger, parece que exigirán menos a Argentina en materia de déficit primario y ajustes presupuestarios o de precios que a otros países también con problemas de elevada deuda exterior. No sería bueno que esta percepción de tratamiento privilegiado se extendiese.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de marzo de 2004