Israel desmantelará un tramo de muro ante la vista del caso en La Haya

El Gobierno de Sharon rechaza la jurisdicción de la Corte y anuncia que no acudirá a la cita

El Gobierno israelí ha decidido desmantelar unos ocho kilómetros del muro de separación que el Estado hebreo levanta en Cisjordania en la víspera de que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya (TIJ) acoja mañana uno de los casos más importantes de su historia: establecer la legalidad del muro. La decisión que adopte la Corte no es vinculante, pero añadiría mayor presión diplomática para la paralización o destrucción de la barrera.

Durante tres días serán escuchadas en Holanda las opiniones de varios países sobre la barrera

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Obligado por las presiones internacionales, el Ejército tiene previsto proceder a desmontar hoy los ocho kilómetros de espirales de alambre de espino que rodean la localidad de Baka al Sharkiyeh por su lado este, posibilitando su reunificación con Cisjordania, de la que había sido previamente seccionada. En cambio, la parte de la barrera -en este caso, una combinación de verja electrificada con zanjas y alambre de espino- que la limita por su lado oeste permanecerá en su sitio. El acceso al antes colindante pueblo de Baka al Garbiyeh, que queda en el lado israelí de la línea verde (demarcación fronteriza previa a la guerra de 1967), se hará mediante una puerta controlada por los militares.

Israel asegura que la construcción del muro se trata de una medida de seguridad de carácter interno, mientras que los palestinos temen que, dado su trazado y la gran inversión financiera que supone, termine creando una frontera permanente. En este caso, el Estado palestino que plantea como objetivo la Hoja de Ruta (plan de paz del Cuarteto, formado por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas) terminaría siendo territorialmente discontinuo y económicamente inviable.

La decisión israelí de desmantelar ocho kilómetros de muro fue bien acogida ayer por la Autoridad Nacional Palestina, que, sin embargo, criticó el momento elegido, justo el día antes de que el Tribunal Internacional de La Haya comience a escuchar las alegaciones orales que se han presentando contra este polémico proyecto. El tribunal, principal órgano judicial de Naciones Unidas establecido en 1946 para resolver disputas entre Estados, deberá establecer la legalidad de la barrera.

Israel ya ha anunciado que no asistirá a la vista porque considera que el TIJ carece de jurisdicción para tratar asuntos políticos. Una opinión similar es compartida por EE UU y la UE, que preferirían resolver el problema en otro tipo de foro. La Asamblea General de la ONU no lo ha visto así, y por eso adoptó el pasado 8 de diciembre una resolución por la cual solicitaba al TIJ que emitiera una opinión consultiva "sobre las consecuencias jurídicas" de la construcción de la barrera. Con esta fórmula pedía a los jueces que señalaran si Israel ha quebrantado unos derechos de propiedad que no son suyos al delimitar así su territorio, con las consecuencias que ello está teniendo para ambas poblaciones, en especial la palestina.

Durante tres días serán escuchadas en el Palacio de la Paz de La Haya, sede del TIJ, las opiniones de varios países (Arabia Saudí, Jordania, Turquía, Argelia, Suráfrica, Cuba, Indonesia, Bangladesh, Belice, Senegal, Madagascar, Malaisia y Sudán), además de la Liga de Estados Árabes y la Conferencia Islámica. La delegación palestina abrirá la sesión y se espera que documente la forma en que el muro, que compara con el de Berlín, ha alterado la vida de los ciudadanos.

Desde que el Gobierno de Ariel Sharon diera luz verde a los constructores de la barrera, que combina paredes de cemento de nueve metros de altura, vallas y trincheras con alambre de espino y vigilancia electrónica, las autoridades palestinas han acusado a Tel Aviv de querer anexionarse nuevos territorios. Dicha asunción se basa en el hecho de que los 700 kilómetros de longitud que tendrá una vez concluida -están en pie más de 200- desvían parte de su ruta de la denominada línea verde. Penetran en el interior de Cisjordania, rodeando ciudades y pueblos palestinos y separando comunidades y familias. Visto así, el muro sería una forma de recortar territorio palestino y serviría para trazar una demarcación definitiva entre ambas partes. Un estudio encargado por la ONU señala que, una vez terminado, más de 210.000 palestinos quedarían atrapados en pequeños enclaves y otros 400.000 serían apartados de sus trabajos, escuelas y hospitales.

Según Israel, la barrera no viola el derecho internacional, puesto que se trata de una forma de autodefensa. Desde que diera comienzo la segunda Intifada en septiembre de 2000, han actuado en su territorio 117 suicidas palestinos, que han matado a 477 personas y herido a otras 3.339. Todos los agresores procedían de Cisjordania y no de la franja de Gaza, donde ya existe una valla de seguridad con vigilancia electrónica.

Para subrayar que se trata de un parapeto necesario, Tel Aviv piensa mostrar en la explanada de acceso al TIJ, en La Haya, un autobús destrozado en Jerusalén en un ataque suicida el 29 de enero. Perecieron 11 personas. "Es como un símbolo del poder del mal", ha dicho Ronny Naftaniel, director del Centro holandés de Información y Documentación sobre Israel.

El despliegue del vehículo será contrarrestado por los activistas palestinos del grupo Paren el Muro con manifestaciones y exhibiciones en las que ilustrarán sus negativos efectos en la escolarización de los niños y el acceso a los hospitales. Ambas partes niegan que sus iniciativas sean propagandísticas, pero tratarán de airear lo más posible sus quejas en Holanda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de febrero de 2004.