Revolución postergada

"La revolución no será televisada", proclamaba el gran Gil Scott Heron. Efectivamente, la edición número 46 de los Grammy no se ha saldado con la renovación estética y victoria total del rap y el R&B que pronosticaban los que están en el meollo (y que ratificaban las casas de apuestas en Internet, ese nuevo oráculo supuestamente infalible). Por lo menos, en los premios gordos.
El rock de Evanescence y Coldplay tiene referentes muy obvios, sin el carácter rupturista de The White Stripes (que sólo se han llevado estatuillas menores). Además, aunque Outkast sea oficialmente un duo de rap, está claro que los votos cosechados corresponden principalmente a The love below, la deslumbrante parte-menos-rap de su doble disco. Y Beyoncé Knowles encaja perfectamente en el archiconocido modelo de diva del soul: como Whitney Houston, viene de una familia religiosa y se está soltando el pelo. Sus discos también son modelos de producto diseñado milimétricamente.
Como este año no había novata deslumbrante, Beyoncé se ha llevado una lluvia de premios equivalente a la que celebró la llegada de Alanis Morisette o Norah Jones, aunque conviene resaltar que todos en categorías de R&B o rap. Los votantes de la Academia optaron por la corrección política: se han inclinado por triunfadores que ofrecían propuestas reconfortantes, evitando a las figuras con vocación polémica, como 50 Cent o Eminem (sólo ha ganado en una categoría de rap). Tampoco se han devanado la cabeza a la hora de elegir al productor del año: The Neptunes son profesionales polivalentes -del rap al pop- y están en el pináculo de su profesión desde hace tiempo. Como es tradicional, también se han acordado de figuras recientemente fallecidas: ha habido premios póstumos para George Harrison, Warren Zevon, Celia Cruz, June Carter Cash y Johnny Cash. El sentimentalismo también explica los trofeos de Luther Vandross, que es el tipo de artista clásico que se supone iba a ser barrido por los jóvenes leones.
Fuera de la zona estelar, se pueden hallar algunos resultados más insólitos. Los guitarristas han tenido un buen año, con premios para Jeff Beck, la pareja Ry Cooder-Manuel Galbán y Pat Metheny (sorprendentemente, su One quiet night! ha sido el mejor disco de ¡new age!). El proteico grupo mexicano Café Tacuba gana en latin rock con Cuatro caminos. Dos premios se ha llevado Martin Scorsese presents the blues: a musical journey, la banda sonora de la serie de documentales que conmemoraban el Año del Blues. También ha ganado premio doble Livin, lovin, losin, el disco de homenaje a los Louvin Brothers, ilustre dúo vocal de country. Lo de acumular nombres conocidos siempre funciona: el trío formado por Clinton, Gorbachov y Sofía Loren ingresa en la galería de los Grammy. Lástima que Hillary Clinton no triunfara en su candidatura a "mejor libro leído".
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