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Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'¿Qué he hecho yo para merecer esto?'

EL PAÍS presenta en DVD el cuarto largometraje de Pedro Almodóvar

En 1984, Pedro Almodóvar rueda su cuarto largometraje, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, con una espléndida Carmen Maura como protagonista de una historia en torno a la vida cotidiana de un ama de casa. Realizada con un tono próximo al neorrealismo, Almodóvar no renuncia a su intransferible mundo, en el que el humor, la cinefilia y la transgresión de las normas establecidas conforman su inigualable obra. Podrá ser adquirida por 1,95 euros mañana al comprar un ejemplar de EL PAÍS.

Pedro Almodóvar describió así al personaje principal de esta película: "Es un ama de casa de la que puede decirse que no ha tenido las mismas oportunidades que Carolina de Mónaco. Le gustaría integrarse en la sociedad de consumo, pero sólo consigue consumirse a sí misma, día tras día. Vestida siempre de retales, sólo las anfetaminas le dan suficiente energía para trabajar como criada en varias casas, además de en la suya. Es todo lo sumisa que su histeria le permite, la educaron para eso, aunque esta situación no le impide matar al marido en un momento de nerviosismo" (el primer título de la película fue Yo maté a mi marido). El retrato de esta mujer, según Luciano Berriatúa, fue "posiblemente el más patético de la condición femenina en nuestra sociedad deprimida y represora que hayamos visto nunca en el cine español".

"Un ama de casa que no ha tenido las mismas oportunidades que Carolina de Mónaco"

Antes de éste, su cuarto largometraje, Pedro Almodóvar no gozaba del aplauso de la crítica española. "Hasta ese momento me habían tratado como un fenómeno extracinematográfico", reconoció ante Juan Cobos y Miguel Marías en una entrevista para Nickel Odeon. Por fin, ¿Qué hecho yo para merecer esto? (1984) fue muy bien recibida. Por ejemplo, Marcos Ordóñez escribió en El Correo Catalán: "Pocos placeres pueden compararse al de ver crecer y desarrollarse a un creador que, por si fuera poco, quema etapas y profundiza en sus propuestas estéticas a la velocidad de la luz". En el católico diario Ya se dijo: "Almodóvar nos va ofreciendo, película tras película, sus intuiciones dramáticas, que constituyen un auténtico poema urbano entre el sarcasmo y la ternura", y Molina Foix, en Fotogramas, aseguró: "¿Qué he hecho yo para merecer esto? contiene las mejores escenas y los personajes más consistentemente elaborados de todo el cine de Almodóvar".

"Las críticas empezaron a hablar de mí como director porque me referí a las tribulaciones de una pobre ama de casa, y se notaba que mi corazón estaba muy cerca de este personaje", comentó el director en la entrevista citada: "Y yo, que era un chico muy moderno, muy noctámbulo y todo eso, no tuve pudor en manifestar que ésta es la clase social a la que pertenezco... Ese barrio y ese edificio donde vive la protagonista entrañan todos los personajes que a mí me son queridos y familiares. En mi cine me muevo entre tópicos, por prototipos, incluso por clichés, los digiero y los expreso a mi aire, pero ahí está de fondo el neorrealismo de Vittorio de Sica con Sophia Loren o Anna Magnani gritando, despeinadas... Por eso yo pensaba que ésta era mi película italiana por excelencia".

El neorrealismo de la película de Pedro Almodóvar es un neorrealismo contemporáneo, según apostilló Leopoldo Alas: "La denuncia y el compromiso son obvios, pero hay un humor corrosivo, negro, desengañado, que le imprime a la historia un carácter nuevo. Es ese humor, esa otra vuelta de tuerca, lo que consigue que la película vaya más lejos, porque el público se siente ante algo vivo que hace reír y que a la vez le traspasa el alma". Según Almodóvar, este aspecto cómico de la película fue un lado equívoco, porque "no cuento una historia de amor, sino el horror y la injusticia en la que vive una mujer", el ama de casa que interpreta Carmen Maura, "una heroína cuyas propias deficiencias son producto del ambiente donde vive", rodeada de personajes que la atormentan. Esos personajes, sin embargo, parecieron innecesarios a algunos críticos, ya "que interrumpen la acción, sin llegar a buen puerto", tal como se opinó en este periódico. Lo suscribió Berriatúa: "Toda la parte seria, con la trama berlinesa y el personaje interpretado por Gonzalo Suárez, convierte en desigual la película, porque lo que mejor funciona es el Almodóvar que observa a la mujer y la condición femenina como algo que un travesti lleva dentro y que teme asumir". Tiempo después, el autor se mostró de acuerdo en ver ciertos desajustes en el guión: "¿Qué he hecho yo para merecer esto? resume lo mejor de las películas que hago y también es un ejemplo de los peligros que no siempre he superado, como son las historias paralelas, en este caso la historia de Alemania. Lo que de verdad funciona en la película es el edificio y sus habitantes. Todo está en función del edificio, como si fuera la espina dorsal de la historia. Cuando me salgo de ahí, la película interesa mucho menos, no funciona".

Fuera de España se anduvieron con menos remilgos. En Los Angeles Weekly se dijo que se trataba de "una película magnífica, absolutamente obligatoria; es Buñuel haciendo John Waters, pero aderezado con Woody Allen", mientras que en The New York Times se opinaba: "Es una comedia negra absolutamente maravillosa, sencillamente una pequeña obra maestra", y continuaba: "En manos de otro director o con una actriz menos dotada que la excelente miss Maura, la escena de la ducha podría haber sido simplemente estúpida. En su lugar, es divertida, triste, realista y sentimental, todo a la vez, como toda la película, por otro lado".

No fue Carmen Maura la primera elección de Almodóvar ("él quería una mujer más dura, y a mí no me veía tan antipática como el personaje"), pero hoy sería imposible imaginarse la película sin ella: obtuvo diversos premios por este trabajo y el reconocimiento internacional. Chus Lampreave, Verónica Forqué, Ángel de Andrés López, Javier Gurruchaga, Amparo Soler Leal, entre otros, compusieron el resto del reparto de una película en la que "cada fotograma respira libertad y el placer de la libertad. Viéndolo, uno se da cuenta de que Franco está muerto, realmente muerto por fin", en arrebatada consideración del New Yorker.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de febrero de 2004