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Entrevista:MIGUEL ÁNGEL ESCOTET | Director de la cátedra de Historia de la Universidad | Universidad

"Debemos educar para la incertidumbre"

Miguel Ángel Escotet (León, 1945) hace honor a su cargo de director de la cátedra UNESCO de Historia y Futuro de la Universidad. Con 27 libros a sus espaldas, ha dirigido, investigado y reflexionado en centros universitarios y organismos públicos de medio mundo. Ahora ha decidido establecerse en la Universidad de Deusto, donde la semana pasada participó en un simposio internacional sobre docencia universitaria.

Pregunta. ¿Qué transformaciones se están produciendo en la docencia universitaria?

Respuesta. En primer lugar, las nuevas tecnologías han sobrepasado a la universidad. Muchas veces hay más aplicación de éstas en la casa que en la propia institución universitaria, y tiene que ponerse al día en esta nueva dimensión. Segundo, el paso de minifundios unidimensionales de las disciplinas a procesos multi, inter y transdisciplinarios, que va a ser una tendencia mundial, y, tercero, ya no se va a preguntar si hay universidades públicas o privadas, sino si hay universidades buenas o malas. Y en todo ello sobresale el hecho de que la universidad debe pasar de una entidad centrada en el sujeto que enseña a una institución centrada en el sujeto que aprende.

P. ¿Está el profesorado preparado para esta transformación?

R. No. Tampoco tiene la culpa, porque nadie les ha orientado ni ayudado. Para mí, aquí todo radica en un sentido ético. Un profesor que piensa que sabe, difícilmente sabe, porque el que sabe se da cuenta de que no sabe. Es más, cuando una persona se siente en posesión de la verdad, le es muy difícil cambiar. Una de las cosas que tiene que aprender el profesor universitario para cambiar es aprender a escuchar, y el profesor se ha acostumbrado mucho a hablar y muy poco a escuchar. Este es un gran reto que tiene la universidad.

P. ¿El nuevo modelo pedagógico que está implantando la Universidad de Deusto sigue ese camino?

R. Deusto ha dado un paso enorme, es uno de los factores que más me ha motivado a venir a trabajar, está inmerso en una innovación pedagógica e institucional. Va a ser un proceso largo, que va a afectar no sólo a los profesores, también a los alumnos porque vienen con una carga de la educación secundaria distorsionada, centrada en el sujeto que enseña, y cuando vienen a la universidad quieren un poco más de lo mismo, y se asustan, como los profesores, ante los cambios. En mi último libro hablo de que debemos educar para la incertidumbre y, desgraciadamente, educamos para la certeza.

P. ¿Qué futuro augura a la universidad?

R. La universidad ha estado un poco alejada de la sociedad y tiene que estar más imbricada, porque es un reflejo de la sociedad misma. Un segundo punto es que la universidad tiene que transdisciplinarse. Es muy importante que los profesionales sepan mucho de lo suyo, pero también que sepan suficientemente de lo que no es suyo, algo que ahora no está ocurriendo. El tercer punto es que la universidad tiene que pasar de un sentido que ha sido puramente cognitivo a un proceso afectivo donde hay que educar el talento y también el talante. Ahí creo que ha fallado la universidad y todo el sistema educativo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de enero de 2004