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Reportaje:

Un guaraní en la corte del Banco Mundial

Los izoceños de Bolivia controlan el desarrollo sostenible de su territorio

Un gasoeducto, un oleducto y una carretera transnacionales en un olvidado rincón donde apenas viven 10.000 indios. Con estas premisas, el final de la película parecería cantado. Pero no: los 10.000 indios se han empeñado en controlar el proceso participando en él. Son los guaraníes izoceños (Chaco, sureste de Bolivia, a 359 kilómetros de Santa Cruz), que desde 1995 coadministran con el Gobierno su tierra, equiparable a un 10% de España.

"Nuestros padres y abuelos vivieron siempre en esa zona del Chaco, y nuestro mbayu (sueño, en guaraní) es ser pueblo con identidad, cultura, unidad y autonomía", dice Bonifacio Barrientos, de 47 años, máximo representante desde 1984 de las 25 comunidades izoceñas con el cargo de Capitán Grande de la Capitanía del Alto y Bajo Isoso (CABI), que recientemente intervino en el ciclo Espacios naturales protegidos en América Latina, de la Fundación BBVA. La CABI obtuvo en 2001 el premio Bartolomé de las Casas. "Mi finado padre, Bonifacio Barrientos Iyambue (Sin Dueño), ya trabajó con ese horizonte, y por eso mi pueblo lo considera como Sombra Grande".

La CABI, con apoyo técnico del organismo gubernamental de EE UU para la cooperación, Usaid, y de la Wildlife Conservative Society, creó el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Kaa-Iya (Dueño del Monte) del Gran Chaco, 3,4 millones de hectáreas de las 5,3 que componen la reserva izoceña. Es el único parque nacional creado por iniciativa de un pueblo americano originario y el único de responsabilidad compartida con el Gobierno.

"No fue fácil la negociación,en algún periódico se les llamó grupo de selvícolas", recuerda Zulema Barahona, técnico de apoyo en la CABI. "Pero logramos constituir un municipio, Charagua, el primer distrito municipal indígena de Bolivia", sonríe Barrientos.

Un gaseoducto cruza el norte izoceño entre Santa Cruz y Brasil y un oleoducto el oeste, hacia Argentina. Barrientos no se amilana y habla con quien haya que hablar. ¿Banco Mundial? ¿Dónde, en Washington? "Cuando empezaron a construir el gaseoducto no teníamos información. Por eso bloqueamos aquello y pedimos ser consultados. Nos apoyaron grupos internacionales ecologistas. Negociamos en persona en Washington con el Banco. Hoy el consorcio petrolero nos paga 3,7 millones de dólares durante tres años por derecho de paso. Ahora está un proyecto de carretera de Santa Cruz a Brasil. Y bajo nuestro suelo hay gas. Todo eso puede traernos presión de colonos, de traficantes de tierras. Queremos no sólo conservar nuestro mundo, sino ser socios en todo proyecto de desarrollo: hay en marcha uno de electrificación, otro de industrialización del café y chocolate, otro de comercialización del cuero. El Banco Mundial nos conoce, está de acuerdo. Y planteamos un plan anual de coordinación a los ministerios de Medio Ambiente y de Finanzas".

Las dificultades cotidianas son enormes. El suelo, bosque tropical seco bajo, es arenoso y las chacras (huertas) resultan duras de regenerar. Hay zonas permanentemente inundadas por el río Parapetí, como la llamada El Bañado. La supervivencia familiar (cinco hijos de media) se basa en el maíz, arroz, yuca, fréjol, joco (calabaza), ganadería (vacas, chivas, ovejas), pesca con red desde la orilla del río, y caza de guanacos, jaguares, loros (comercializables sólo como mascotas), armadillos, urinas (venado), jabalíes, penis (reptil), etcétera.

La cobertura sanitaria es débil. Un centro sin cirugía, con médicos recientes que hacen un año de trabajo de campo y son sustituidos, y seis puestos de salud. "Los doctores colaboran con los paye, médicos tradicionales, y con las parteras de la comunidad", dice Barrientos.

El capitán sueña con que su pueblo reciba una educación que incluya la historia y los temas medioambientales: "Mi finado padre, en 1935, tras la guerra del Chaco, vio que no sabíamos si estábamos en Bolivia o Paraguay, y de que sin educación no podíamos defendernos. Desde 1980 hay una escuela primaria y escuelitas en cada comunidad, además de alfabetización para adultos, aportada por Fe y Alegría . Y Usaid nos facilita enseñanza de técnicas agropecuarias, de cuestiones legislativas, de derechos de las mujeres. Tenemos que combinar el desarrollo con el respeto a las creencias: el Kaa-Iya está dedicado al gran espíritu del monte, que para nosotros existe como los del agua, la tierra, el monte o los animales".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de enero de 2004