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Reportaje:EL PAÍS OFRECE A SUS LECTORES LA COLECCIÓN DE LITERATURA 'AVENTURAS' Y 'LA ENCICLOPEDIA'

El arte de narrar

La colección 'EL PAÍS Aventuras' reúne cincuenta libros llenos de intensidad

Dickens, Poe, Stevenson, Melville o Kipling, Jonathan Swift y Walter Scott, Verne, London, Twain, Conan Doyle... La relación de escritores que forman parte de la colección EL PAÍS Aventuras que, a partir del próximo domingo, empieza a publicar este diario es impresionante. Más allá de los nombres propios, adquieren particular relevancia los títulos. Por una sencilla razón: porque son clásicos que se leen habitualmente durante la juventud y, por eso, constituyen la mejor invitación para iniciarse en los placeres de la literatura. Tramas endiabladas, personajes del imaginario colectivo, grandes pasiones, desafíos que se conquistan tras arduas hazañas, paisajes exóticos y ambientes futuristas: de todo hay en estos 50 libros.

A partir del próximo domingo, EL PAÍS empieza a publicar, en 50 libros, 47 novelas imprescindibles (hay títulos que aparecen en dos entregas) para iniciarse en el arte de la lectura y para familiarizarse con la infinita variedad de caminos que la literatura ofrece para disfrutar.

El primer título que aparece es La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. He ahí el mar y toda una galería de personajes inolvidables para componer una aventura perfecta en la que destaca la enigmática figura de Long John Silver, a quien el narrador describe así: "Tenía la pierna izquierda amputada a partir de la cadera, y bajo el hombro izquierdo llevaba una muleta, que manejaba con maravillosa destreza, pues saltaba con ella como un pájaro. Era muy alto y fuerte, con una cara del tamaño de un jamón: afeitada y pálida, pero despierta y jovial".

Son viejas historias que permanecen y que, una y otra vez, se releen y se reinventan

El primer título es 'La isla del tesoro', de Robert Louis Stevenson

Julio Verne fue planteando a los personajes de sus obras los más variados desafíos

La ambigüedad moral, el gran tema que frecuentó Stevenson, es también la materia de otro de sus libros que aparecerán en esta colección, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. De Stevenson se publicará también La flecha negra.

El mar es también el gran protagonista de Moby Dick, de Herman Melville, uno de los títulos que, por su longitud, se ofrece en dos entregas. "Moby Dick había segado la pierna de Ahab como corta un segador una brizna de hierba en el campo", cuenta el narrador, y así sitúa la gran batalla entre la ballena blanca y el capitán del Pequod, en una de las novelas que mejor recrea la furia de una obsesión. "Desde aquel encuentro casi fatal, Ahab había abrigado un loco deseo de venganza contra la ballena, cayendo aún más en su frenesí morboso porque acabó por identificar con la ballena no sólo todos sus males corporales, sino todas sus exasperaciones intelectuales y espirituales".

Si Moby Dick es la historia de la obsesión del capitán Ahab por vengarse de la ballena, en Robinson Crusoe lo que Daniel Defoe cuenta es la capacidad de supervivencia de un náufrago y cómo, apartado del mundo, es capaz de reinventarse a sí mismo. De esta última novela se ocupó el último Nobel, J. M. Coetzee, cuando recientemente acudió a Estocolmo a recibir el premio. Viejas historias que permanecen y que, una y otra vez, se releen y se reinventan. Como ocurre también con otro título de referencia, Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, o con las atmósferas románticas y apasionadas de Walter Scott, de quien la colección publica su Ivanhoe.

De los últimos autores citados, la colección sólo rescata una de sus novelas. No ocurre lo mismo con otros. De Charles Dickens, ese gran maestro de los detalles y de la finura a la hora de diseccionar los hábitos de la sociedad en la que le tocó vivir, se publicarán Las aventuras de Oliver Twist e Historia de dos ciudades. También son dos los títulos que la colección incluye de Rudyard Kipling (El libro de la selva y Capitanes intrépidos), el escritor inglés que se valió de sus experiencias en la India para escribir algunos de sus relatos y que, en otros, se inspiró en los desafíos del imperio británico.

Otro autor sobradamente representado es Edgar Allan Poe. Sus relatos tratan cuestiones muy distintas, y formalmente transitan por géneros y estilos diferentes. Los hay de terror y de misterio; en algunos lo importante es la presencia de lo sobrenatural, y en otros, la descripción satírica de lo más inmediato. Los hay apasionados y los hay sobrios, y toda esa variedad está recogida en El gato negro y otros cuentos, El escarabajo de oro y otros cuentos y El fantasma de lady Canterville.

La colección incluye también dos obras clásicas de Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn, que reconstruyen con todo detalle y sentido del humor los afanes de estos muchachos por embarcarse en nuevas trastadas, siempre llenos de proyectos y siempre burlando, y poniendo en entredicho la autoridad de los adultos, sus pompas y fastos, su ridiculez. Claro que después, a Tom Sawyer, por ejemplo, le caía una bronca y, desolado, proyectaba su venganza: "Se imaginaba moribundo, con su tía inclinada sobre él implorándole una palabra de perdón, pero él volvería la cara contra la pared y moriría sin pronunciarla".

Además de los disparates de Tom y Huck, que con tanta maestría narró Twain, hay otras dos novelas de este autor que ofrece la colección: El príncipe y el mendigo y Un yanqui en la corte del rey Arturo.

El hombre invisible y La máquina del tiempo, de H. G. Wells, muestran la capacidad de este escritor para imaginar peripecias y situaciones cargadas de fantasía, aunque pretendan sustentarse en fundamentos científicos, y proponer así un retrato del hombre de su tiempo. Arthur Conan Doyle, de quien aparecen El perro de los Baskerville y Estudio en escarlata, es el creador de Sherlock Holmes y, por tanto, sus historias son casos que el finísimo investigador va resolviendo con una lógica implacable. Otro registro totalmente diferente es el que inspira las obras de Jack London, que son siempre una invitación a la aventura, como podrán comprobar los lectores de La quimera del oro, Colmillo blanco y La llamada de la selva.

Hay todavía otros tres autores de los que la colección publicará varios títulos. Uno de ellos es Julio Verne, a quien se le considera precursor de la ciencia-ficción y que fue planteando a los personajes de sus obras los más variados desafíos, siempre inspirados en los adelantos de la técnica. De su larga producción, la colección ha elegido La vuelta al mundo en 80 días, Veinte mil leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna y Miguel Strogoff. Con las novelas de Alejandro Dumas pasamos a un contexto radicalmente distinto. Lo suyo es el folletín, de hecho muchas de sus novelas fueron apareciendo por entregas, y sus grandes materias, el amor y las espadas. Del clásico francés se publican El tulipán negro, y en dos entregas sus voluminosas Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo. La aventura en estado puro llega con Emilio Salgari y con dos de sus novelas más conocidas, El corsario negro y Sandokan.

Hay, en fin, en la colección muchas historias que por su intensidad dramática han sido llevadas al cine y que, por tanto, resultarán ya familiares a los lectores. Es el caso de Drácula, de Bram Stoker, o de El mago de Oz, de L. Frank Baum, que se han hecho célebres en la gran pantalla. O del Frankenstein, de Mary Shelley; de El fantasma de la ópera, de Gaston Leroux, o de Tarzán de los monos, de E. R. Burroughs. Personajes e historias que forman ya parte del imaginario colectivo.

Otros títulos resultarán muy conocidos para algunos y para otros, en cambio, serán una estimulante sorpresa. Es el caso de Scaramouche, de Rafael Sabatini, o El último mohicano, de James Fenimore Cooper. Hay novelas que necesitan ser redescubiertas, como El prisionero de Zenda, de Anthony Hope; Las minas del rey Salomón, de Henry Rider Haggard, y El rojo emblema del valor, de Stephen Crane, y las hay que cuentan las peripecias que se han contado muchas veces (Las alegres aventuras de Robin Hood, de Howard Pyle). En algunos casos, como en el del prolífico Karl May, sólo se publicará El tesoro del lago de la plata. Pero, como es lógico, es inevitable dejarse en el tintero un montón de obras que hicieron las delicias de tantos y tantos lectores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de enero de 2004