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CRISIS EN LA EUROZONA

Francia y Alemania rompen el Pacto de Estabilidad

Solbes acusa al Ecofin de "cambiar las reglas" por dejar "en suspenso" los castigos por incumplir el déficit

Bruselas
La presión de Francia y Alemania logró ayer que la mayoría de los ministros de Finanzas de los Doce rechazaran la propuesta de castigarles por no reducir el déficit a menos del 3% del PIB. La decisión contó sólo con la oposición de España, Holanda, Austria y Filandia, a los que únicamente les faltó un voto para conseguir la minoría del bloqueo. El comisario de Economía, Pedro Solbes, que acusó a los ministros de incumplir los pactos, no descarta llevar el asunto a los tribunales comunitarios. El presidente español, José María Aznar, lo calificó de "durísimo golpe a la estabilidad", mientras el BCE advirtió del "grave riesgo" que corre la eurozona.

París y Berlín han roto las reglas del Pacto de Estabilidad al dejar en suspenso su aplicación. Las dos potencias impusieron ayer la ley del más fuerte y lograron suficientes apoyos entre los ministros de Finanzas para eludir los castigos por tener déficit superiores al 3% del PIB. Tras una maratoniana y tensa reunión que culminó con tres votaciones, los ministros rechazaron la propuestas de castigo de la Comisión Europea y aprobaron otra que no sólo suaviza las exigencias para rebajar sus déficit, sino que además deja "en suspenso" el procedimiento por déficit excesivo que en esta fase incluía poner bajo vigilancia las cuentas públicas de París y Berlín.

La batalla había comenzado en Bruselas a las siete de la tarde del lunes. El Eurogrupo (ministros de la zona euro) debatió hasta las cuatro de la madrugada un posible arreglo ante la cerrada oposición de Francia y Alemania a aceptar las recomendaciones de la Comisión. Los dos países superaron el límite del 3% el año pasado, lo harán éste (con un 4,2% en ambos casos) y también el que viene. Bruselas, aplicando el Tratado de la UE y el Pacto, proponía obligar a Francia a que rebajara el año que viene su déficit en un punto porcentual con más congelación de gastos y que Alemania lo hiciera en un 0,8% (ambos prevén en sus presupuestos una reducción de sólo el 0,6%). Pero, sobre todo, la Comisión exigía que, durante los dos años próximos, Berlín y París presentaran informes semestrales sobre la ejecución de sus presupuestos para comprobar que estaban cumpliendo sus obligaciones.

"Alemania actuó como EE UU cuando se votaban las resoluciones sobre Irak"

"Hemos pasado de un sistema basado en las reglas a otro basado en las decisiones políticas"

Era esta segunda y humillante parte la que no estaban dispuestos a asumir los dos grandes. Y es ahí donde el choque con la Comisión fue inevitable. El comisario de Asuntos Económicos, el español Pedro Solbes, se mostró incluso dispuesto a encontrar un compromiso para no imponer reducciones tan fuertes de los déficit, pero advirtió de que no había nada que negociar sobre el procedimiento en sí. Giulio Tremonti, ministro italiano y presidente de turno del Eurogrupo, levantó a medianoche la reunión e intentó una fórmula de compromiso en rondas bilaterales.

Durante la noche, "Alemania actuó como EE UU en el Consejo de Seguridad cuando se votaban resoluciones sobre Irak", comentó uno de los asistentes en referencia a las presiones que ejercía el ministro alemán, Hans Eichel. La mañana del lunes, el propio canciller alemán, Gerhard Schröder, telefoneó al primer ministro griego, Costas Simitis, para asegurarse el apoyo de Grecia, según informaron fuentes de ese país.

Y se encontró la fórmula para satisfacer a los más poderosos. El comisario Solbes exigió antes que todo el mundo se retratara y votara antes sus propuestas. Fueron bloqueadas y rechazadas sin contemplación gracias a los votos de Alemania, Francia y sus aliados. Y entonces se puso sobre la mesa la fórmula de compromiso consistente en que Francia sólo tendrá que rebajar su déficit el año en que viene en un 0,8% y Alemania en un 0,6%. Y ya no se obliga a ambos poner bajo vigilancia sus cuentas con los informes semestrales, sino que "se invita" a los dos a que informen cada seis meses en el mismo nivel que lo hacen todos los demás países regularmente. Por tanto, como se dice expresamente, queda "en suspenso" el procedimiento de déficit excesivo abierto contra los dos. Al menos, París y Berlín se comprometieron a estar por debajo del 3% a final de 2005.

En la votación de esta propuesta participaron sólo los países de la eurozona. España, Finlandia, Austria y Holanda fueron los únicos que votaron en contra de la componenda. Sumaron 20 votos, pero les faltó uno para lograr la "minoría de bloqueo".

Decisiones políticas

La crítica de Solbes no se hizo esperar: "Hemos pasado de un sistema basado en las reglas a un sistema basado en decisiones políticas". "El Ecofin", se lamentó, "ha decidido adoptar decisiones políticas en lugar de aplicar las normas comunitarias". "Es otra forma de trabajar", comentó el comisario, que se limitó a sonreír cuando un periodista le preguntó si pensaba dimitir. En paralelo, la Comisión hizo constar ante los ministros una declaración oficial en la que "lamenta profundamente" que los ministros no hayan seguido "ni el espíritu ni las reglas" del Pacto y del Tratado, porque "sólo un sistema basado en las reglas puede garantizar que los compromisos están vigentes y que todos los Estados son tratados por igual".

En el otro lado, los ministros alemán, Hans Eichel, y francés, Francis Mer, estaban exultantes y mantenían lo contrario: que el arreglo era "coherente" con el espíritu y la letra del Pacto y que la Comisión "no tiene el monopolio para interpretarlo". Eichel repitió que Alemania no estaba dispuesta a asumir "una solución que pusiera en peligro los intereses vitales alemanes", mientras Mer agregó que simplemente se había adaptado el Pacto "a una situación bastante excepcional" por el frenazo económico que sufre Europa.

Herido de muerte el Pacto, el siguiente paso es modificarlo. "Habrá que enriquecerlo", reclamó el francés Mer. "Hacia 2006 o 2007", añadió el primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, el más fiel aliado del eje franco-alemán en esta y otras guerras.

En las trincheras opuestas, los ministros de Holanda y Austria, Gerrit Zalm y Karl-Heinz Grasser, fueron los más aguerridos. "El Pacto no está muerto, pero está en el congelador", se lamentó Zalm. "Hemos perdido esta batalla, pero no la guerra", comentó Grasser. Más prudente estuvo el vicepresidente español, Rodrigo Rato, que advirtió de que lo ocurrido ayer en Bruselas "tendrá consecuencias", pero que ahora es mejor "mirar al futuro".

Rato explicó la fluctuante posición española en esta película, porque ayer votó con los ortodoxos cuando el Gobierno había aclarado que no deseaba castigar a París y Berlín. El vicepresidente español dijo que España había sido "solidaria y comprensiva" con Alemania y Francia, pero que "los procedimientos deben cumplirse". Es decir, que España estaba dispuesta a dulcificar el castigo, pero no a dejarlo en suspenso, porque, como insinuó Rato y la propia Comisión, ayer sí se dio el golpe de gracia "a la credibilidad del Pacto", pese a las llamadas de atención durante la reunión incluso del presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet.

Pese a semejante golpe de gracia, los ministros aprobaron por unanimidad, antes de irse de Bruselas, una declaración en la que "reafirman su compromiso con el Pacto", lo definen como "el marco de coordinación de las políticas presupuestarias" y recuerdan su "papel central para mejorar la situación presupuestaria global". Será así, pero entonces ¿por qué dejar sus reglas "en suspenso"? .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de noviembre de 2003