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Reportaje:PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS 2003

Lula y su lucha contra la miseria

El presidente brasileño asegura que la pobreza "lleva a la sumisión"

"Quiero convertir el hambre en un problema político porque sólo así podremos resolver un mal que afecta a más de un tercio de la humanidad". Eso afirmó ayer en Oviedo el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, durante un breve y hermoso discurso ante el Parlamento asturiano. El Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional explicó que donó el pasado 23 de septiembre a la ONU los 50.000 euros del galardón en la confianza de que ello sensibilice "a otros gobernantes para que aporten recursos a los fondos de Naciones Unidas" para la lucha contra la pobreza. "Muchos presidentes", añadió Lula, "asumen compromisos y al día siguiente no se acuerdan de cumplirlos. Este premio no es mío, pertenece a los millones de personas anónimas que me llevaron a la presidencia".

"No es fácil luchar contra el hambre porque las personas tienen vergüenza de reconocer su penuria, porque no están organizadas y porque están lejos de los centros de poder. Pero la lucha contra la miseria es una cuestión ética, no económica. El mundo produce riqueza y alimentos suficientes para todos. Hemos pasado el siglo XX discutiendo sobre los adelantos técnicos, y en el XXI debemos ya discutir cómo repartir la riqueza de forma justa. Éste es un desafío ético, humanístico y cristiano, una responsabilidad que todos debemos asumir para poder dormir con la conciencia tranquila. Es un mandato de la Biblia, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de las Constituciones de todos los países. Lo único que tenemos que hacer es cumplir las leyes", afirmó Lula.

"Cuando yo entré en la militancia política y el pueblo no quería luchar pensaba que era bueno que la gente sufriera para que tomara conciencia", agregó, "pero luego descubrí que el hambre no lleva a la rebelión, sino a la sumisión. Los hambrientos no tienen partido ni sindicato". Para luchar contra el hambre, dijo el autor de Cinco propuestas para cambiar el mundo, se precisa "mucha perseverancia" y tres condiciones: "Solidaridad, ética y ciudadanía".

Lula sabe bien de lo que habla. Su vida es realmente digna de un culebrón brasileño. Nació en una familia paupérrima y muy numerosa en Vargem Grande, Pernambuco, en 1945. Su madre era Eurídice Ferreira, y su padre, Arístides, emigró a São Paulo dejándola con siete hijos y embarazada de Lula. Cuando Luiz Inácio tenía seis años, la familia se desplazó a Santos, y en 1956 encontraron allí al padre, alcohólico y viviendo con una familia nueva. Lula pasó a tener 21 hermanos. Pero sobre todo pasó mucha hambre. Su primer empleo fijo fue en una fábrica de tornillos, y en 1966 comenzó su acción sindical con su hermano mayor, José. Las torturas que éste recibió en 1975 fueron la espita de la concienciación política de Lula, que lideró las huelgas de 1978, 1979 y 1980. Fue encarcelado sin juicio, y en 1980 fundó el Partido de los Trabajadores.

La lucha será dura y complicada, agregó ayer el presidente. "Va a ser muy difícil sensibilizar a la humanidad, pero yo siempre decidí hacer cosas que todo el mundo daba por imposibles".

Por la mañana, Susan Sontag expresó su profunda admiración por el presidente brasileño: "La gente quiere que Lula haga lo que ha prometido, que son ideas muy buenas, pero me temo que no podrá con todo porque Brasil es un país muy complejo".

El avión presidencial había llegado con casi una hora de retraso a Oviedo respecto al horario previsto, y aunque la rueda de prensa anunciada se suspendió, Lula mantuvo su visita al Parlamento regional. Unas 500 personas le esperaban en la calle, y la gente lo recibió a los gritos de "Lula, Lula". Rechazó la protección policial y se acercó a firmar autógrafos en las libretas, camisas y camisetas del gentío. "Llevo poco tiempo en Oviedo pero ya siento el afecto y el cariño de la gente", dijo Lula, que departió unos minutos con los inmigrantes brasileños. Antes de la ceremonia, se encontró con el líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de octubre de 2003