EL ADIÓS AL AUTOR MÁS POLIFACÉTICOColumna
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Un intelectual de la cocina

Manuel Vázquez Montalbán era de los pocos, por no decir casi el único, intelectuales de la cocina. Era un hombre con un gran talento que sabía mucho y de muchos ámbitos distintos. En lo que se refiere a la gastronomía, conocía muy bien la de su país, y era por otra parte un caso atípico de intelectual, ya que, además de gustarle comer bien, le gustaba cocinar. Esto hacía que cuando hablabas con él podías entrar en detalles técnicos, que él seguía atentamente. Con Carmen Balcells, su agente literaria, siempre decíamos que algún día habría que poner en marcha un libro que yo le propuse a Vázquez Montalbán hace unos siete años: La nueva fisiología del gusto. Él era, sin duda alguna, la persona indicada para hacerlo y tenía muchas ganas de escribirlo, pero por desgracia ya no podrá hacerlo.

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Vázquez Montalbán es importante porque fue la persona que hizo posible que la cocina tradicional y la contemporánea convivieran sin problemas en este país. Fue autor de libros importantes sobre cocina tradicional, pero era también un amante de la cocina de vanguardia y nunca habló de las dos como si fueran mundos contrapuestos. ¿Quién ocupará este sitio a partir de ahora? Es una incógnita, pero creo que es importante que haya gente como él, intelectuales dispuestos a hablar de gastronomía con conocimiento.

Respecto a El Bulli, Vázquez Montalbán fue la primera persona que habló de lo que estábamos haciendo calificándolo de "cocina de investigación". Lo dijo hace ocho o diez años, cuando la gente aún no sabía cómo calificar lo que hacíamos en el restaurante. Era admirable, ya que no sólo en cocina, sino en todo, tenía una gran capacidad de análisis y de anticiparse al futuro.

En El Bulli esperábamos cada año su llegada, que tenía lugar en el mes de agosto. Solía venir en su pequeño barco, acompañado de su familia, y cuando llegaba a Cala Montjoi lo celebrábamos como un ritual que empezó hace unos veinte años.

Manuel Vázquez Montalbán era muy querido por la gente de la gastronomía, porque era de los que iban a los restaurantes con un gran bagaje de conocimientos, pero con una actitud muy discreta. Nunca causaba problemas ni polémicas. Si no le gustaba lo que comía, prefería no decirlo. Su manera de protestar era no volver a los restaurantes que le decepcionaban, pero sin montar escándalos ni buscar polémicas.

A nivel personal, por lo poco que le traté, era la clásica persona que no te pedía nada y no te complicaba la vida, cosa difícil de encontrar en el mundo actual. Hace años dijo una frase que siempre me ha gustado: que el hecho cultural más importante de los últimos treinta años en España era lo que había pasado en la cocina española. Viniendo de un personaje con el peso específico que él tenía es todo un halago. Le echaremos de menos, sin duda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 19 de octubre de 2003.