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Palacio niega que España rechace el proyecto de Constitución europea

Prodi resta importancia a las divisiones en la Unión Europea

"Nadie ha amenazado con bloquear la CIG", la Conferencia Intergubernamental que comenzó el sábado en Roma y que debe intentar acordar, antes de fin de año, una nueva Constitución europea, superando el desacuerdo de España con Francia y Alemania. Así lo aseguró ayer en Madrid la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, poco antes de intervenir en unas jornadas sobre presupuestos organizadas por el Partido Popular.

"Ayer [por el sábado] en los puntos de los que hablamos había una amplia diferencia de puntos de vista de los Estados miembros con las propuestas. Por lo tanto, no hablemos de bloqueo por parte de nadie", subrayó Palacio. "Todos somos conscientes de que [el Tratado de] Niza hay que reformarlo, y se trata de que cualquier reforma tenga un valor añadido", argumentó la ministra, para reconocer que "tanto España como otros países tienen sus desencuentros con alguna propuesta específica de la Convención [presidida por Valery Giscard d'Estaing que elaboró el proyecto constitucional]". La titular de Exteriores reiteró el argumento del Gobierno de que la Convención no tenía mandato para "revocar lo acordado en Niza: era una convención preparatoria, no revocatoria".

Palacio negó también que ningún país haya "hecho ningún comentario" que vincule el resultado de la CIG con el futuro de los fondos estructurales. Como ya hizo el presidente, José María Aznar, el sábado, Palacio subrayó que "una cosa es el debate de la CIG y otro el de las perspectivas financieras, que ahora no toca". Según la ministra, "en ninguna reunión pública ningún país ha hecho ningún comentario que ligue las perspectivas financieras con el resultado de la conferencia". Otra cosa, admitió, es que algún ministro haya hecho esta reflexión en "alguna rueda de prensa", extremo al que restó relevancia.

En todo caso, Palacio advirtió de que "España tiene que ser consciente de que es hoy un país muy distinto al que era en 1986". Por ejemplo, destacó que "en 2006 o 2007 España estará cerca del 90% de la renta media comunitaria", con lo que es poco probable que siga siendo perceptora neta de los mismos fondos europeos que recibe ahora.

Por su parte, el presidente de la Comisión Europea, el italiano Romano Prodi, quitó ayer importancia a las divisiones con las que se abrió la CIG, y dijo que espera que la Constitución europea se pueda "acabar bien y a tiempo". La CIG comenzó con la formalización del rechazo de España y Polonia al cambio del sistema de votación que establece el borrador de la Convención y las discrepancias de los pequeños países de la ampliación sobre la reducción del futuro número de comisarios europeos.

"No hubo ninguna novedad sobre la posición de los países ni tampoco ninguna aspereza", dijo ayer Prodi en Camaldoli, en el centro de Italia, antes de precisar que "el primer día de la Conferencia las diferencias se ponen todas sobre la mesa y los consensos parecen olvidados". El propio Prodi, en voz baja y en parte a través de sus colaboradores, reiteró sus discrepancias con la Convención en lo que se refiere a la reforma de la Comisión y a la necesidad de reducir los asuntos que se decidirán por unanimidad. El presidente de la Comisión Europea subrayó que "ha comenzado una confrontación y una armonización en el seno de la CIG y espero que se pueda acabar bien y a tiempo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de octubre de 2003