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NOTICIAS Y RODAJES

Javier Rioyo patea los caminos de Alberti

El periodista presenta un documental sobre el poeta que se exhibe en el Museo Reina Sofía

Contradictorio: "¿Sabes dónde escribía a veces para refugiarse? ¡En las iglesias!". Militante: "Su compañero de la Residencia de Estudiantes Pepín Bello sostiene que de joven no era comunista y que fue María Teresa León la que le llevó por ese camino". Símbolo: "Por supuesto que sí". Niño eterno: "Sobre todo se nota cuando hace el camino de vuelta a España y a sus raíces, cuando acepta a los suyos y vuelve a su Arboleda

perdida, que no deja nunca de evocar". Cobarde: "Como todos los grandes supervivientes, los que son inteligentes y ven que el peligro acecha...".

Así, y más cosas, era el poeta que el periodista, escritor y guionista Javier Rioyo describe en Alberti para

caminantes, que se exhibe hasta mediados de noviembre en el Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid, dentro de la exposición Entre el clavel y la espada: Rafael Alberti en su siglo. Se trata del último documental de un hombre que ha sabido darle nuevo brillo a este género en España, y que junto a José Luis López-Linares contara la historia de Ramón Mercader en Asaltar los cielos o los exilios voluntarios de sangre e idealismo de los personajes que aparecen en Extranjeros de sí mismos.

Ahora ha seguido los pasos de un personaje que devoraba la modernidad, como ya hiciera antes también Rioyo con Luis Buñuel en otro documental. "Alberti estuvo siempre fascinado por las vanguardias y los inventos, desde el cine hasta la música moderna", dice Rioyo. Pero, sobre todo, ha intentado acercar al Alberti menos oficial y más desconocido en esta película que ha producido también José Luis Garci: "He querido huir de esas cosas que todo el mundo sabe sobre él".

Allá donde anduvo, persiguió lo insólito. Se arriesgó y recaló. Tuvo tropezones que la historia ha revelado como miopes, como su apoyo en cierto momento a Stalin. Sembró tempestades necesarias, con su activismo irredento junto a quien fue una mujer crucial de su vida, María Teresa León, y supo salir de la España en llamas a un exilio que era motivo de pena y aventura al tiempo. "Fue muy activo en Argentina, pero más en Roma, donde su casa se convirtió en un lugar abierto para la progresía, el exilio, y te podías tropezar con Fellini, Pasolini o Vittorio Gassman".

Nunca perdió el rastro de los grandes. "Mantuvo una relación muy especial con Picasso. Compartían su pasión por los toros, las mujeres y la España de la tragedia", afirma. Pero, pese a entusiasmarle la pintura, decidió no volcarse en los pinceles: "Sabía que en ese campo no conseguiría lo que conquistó en la literatura". Fue el último superviviente del 27. "Sabía sacar partido de todo, pero también fue generoso con sus compañeros. Adoraba a Lorca. Muchas veces dijo que debían haberlo matado a él en vez de al granadino, que tenía un compromiso firme con la República pero no tan guerrero como el suyo. Ese trauma le persiguió siempre".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de septiembre de 2003