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Editorial:

Lula se impone

Lula ha logrado una importante victoria política al aprobar la Cámara baja brasileña en primera lectura y con el voto de una parte de la oposición una profunda y necesaria reforma fiscal. Tras la revisión del sistema de pensiones, Luiz Inácio da Silva consigue así forzar dos piezas legislativas de calado. La reforma fiscal debería facilitar la lucha contra la corrupción y la evasión fiscal y aumentar la recaudación, uno de los grandes temas pendientes en toda América Latina.

El cambio del sistema impositivo ha de ser aún ratificado en dos siguientes lecturas por los diputados, y posteriormente en el Senado. Lo acordado, ocho meses después de llegar a la presidencia, va más allá de lo que en este terreno lograra en ocho años su brillante predecesor, Fernando Henrique Cardoso. Dado que el Gobierno de Lula carece de mayoría parlamentaria, el apoyo

del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), de centro derecha, y de otros grupos centristas, ha sido decisivo. Al decidir negociar al límite y con concesiones en el propio parlamento a la oposición y a los poderosos gobernadores de los 27 Estados que componen Brasil, Lula está inaugurando una nueva era en la gobernación de un país sumamente complejo.

Entre otros aspectos, la reforma iguala nacionalmente el impuesto sobre circulación de bienes y servicios, con lo que se evitará una competencia a la baja entre los Estados. Para compensar posibles pérdidas de ingresos de éstos se crea el fondo de desarrollo regional y otro de compesación a las exportaciones, al tiempo que la recaudación del impuesto sobre los combustibles y otras tasas se repartirá entre el centro y los Estados federados.

Los mercados acogieron favorablemente el pacto, que aún tardará meses en ver la luz definitiva. Es un respiro que necesitaba Lula, pues sabe, tras el drástico recorte en las perspectivas, que el "espectáculo del crecimiento" prometido por el antiguo líder sindical tendrá que demorarse al menos hasta 2004. Si consigue poner la economía en forma, el presidente podría concentrarse en la agenda social, de cuyo éxito también depende el crecimiento futuro. Un paso en esta dirección es que ayer Brasil autorizara la importación de China e India de medicamentos genéricos para tratar el sida, sin preaviso a los laboratorios propietarios de las patentes. De momento, Lula cumple. Y con responsabilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de septiembre de 2003