Análisis:CINEAnálisis
i

Rescate tardío de Fassbinder

En los años setenta, logró desencadenar su turbulenta y frenética fusión entre filmar y vivir

Lo que tiene de demoledor y sobre todo de dispersor el año 1968 en el cine europeo explica en parte el carácter de la obra de Fassbinder, pues aquel punto sin retorno de esta fecha es el clavo ardiendo que permitió a Fassbinder escapar de los teatros de Hamburgo donde se forjó y saltar al cine con el equipaje lleno, por un lado, de conocimiento de la escena y, por otro, de dominio de territorios dramáticos hasta entonces inexplorados, cuando no tabú, por las cámaras.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant viene directamente de ahí, del apagamiento de la tormenta de 1968 y del surgimiento de sus cenizas del baño de pesimismo absoluto que alienta la médula de todo el cine de Fassbinder, que abre en este notable filme de 1972 una indagación sobre los mecanismos del poder incrustados en el amor, es decir, en la negación del poder. Es un filme que en su tiempo provocó disensiones, pero que hoy está más allá de ellas y pide ser contemplado con ese aludido sosiego que no tuvo en su tiempo. Había en esta obra de Fassbinder una fuerte carga de polemismo subterráneo, que hoy casi ha desaparecido bajo el nítido trazo de sus personajes, que no ocultan su partida de nacimiento escrita sobre un escenario, dentro de un teatro, sino que la proclaman y esto convierte ahora en una fuente de solvencia y luminosidad a su salto a las pantallas. Y la vieja e inagotable busca de instantes de fusión entre la escena y la pantalla vuelve a saltar, completamente viva, en este filme casi olvidado pero inolvidable.

Si el personaje de Petra von Kant y su gente abre la galería de grandes retratos de Fassbinder, los protagonista de El matrimonio de María Braun lo cierran. Y lo cierran, para muchos exégetas del cineasta, por la cumbre, por el más alto punto de llegada de toda su obra. Es el filme que en 1978 presagió la madurez, que nunca llegó a cerrarse sobre sí misma, de Rainer Werner Fassbinder. Una obra ambiciosa, un vasto retablo de la vida alemana en los tramos finales del siglo XX. No se ha llegado más allá de ella en el cine posterior de su país. Y hoy, un cuarto de siglo después de hecha, sobrevive, permanece aquí, deja caer en las salas de ahora que es cine de este tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0014, 14 de agosto de 2003.