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Tomates 'sin genes'

¿Cómo crece un tomate? ¿Qué le da su color, su sabor, su aroma? Para los científicos, la respuesta está en los diminutos paquetes de material del núcleo celular que forman los genes. Para la mayoría de los españoles, no se sabe. Según el resultado de la encuesta sobre biotecnología de la Fundación BBVA presentada ayer, casi ocho de cada diez españoles opina que los "tomates ordinarios" que comen "no tienen genes, en tanto que los tomates modificados genéticamente, sí".

Por si sirve de consuelo, el resultado no es mucho mejor en el resto de los países donde se ha hecho la encuesta: Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Austria, Holanda, Polonia y Dinamarca. Sólo en este último se llega al aprobado: un 58,8% de los 1.500 encuestados acertaron con la respuesta. El último país, por detrás de España, es Polonia, con el 18,5% de aciertos. Por lo menos, los encuestados son humildes: sólo los italianos y los daneses se atreven a darse un aprobado por sus conocimientos sobre las plantas modificadas genéticamente.

Con más o menos conocimiento, el sociólogo Rafael Pardo, director del estudio, señala que en todos los países consultados los ciudadanos rechazan los alimentos modificados genéticamente. Son mayoría los que opinan que "son innecesarios" y quienes afirman que su consumo "producirá enfermedades muy graves". En este último caso, sólo los holandeses discrepan, y el 55% piensa que no son nocivos.

Las medias de estos rechazos son "altísimas a día de hoy", apunta Pardo. Sólo el 20,6% (el 22,7% en España, uno de los países más permeables a estos productos) estaría dispuesto a comer tomates modificados. Con la recomendación expresa de los científicos, el grupo profesional mejor valorado por los encuestados, esta proporción subiría ocho puntos, hasta el 28%. Los españoles serían de los más lanzados: un 31% estaría dispuesto a tomar tomates con genes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de julio de 2003