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Editorial:

Cero en credibilidad

El desastre del Prestige no sólo ha dejado en blanco el capítulo de las responsabilidades políticas por la cadena de decisiones o indecisiones que llevaron al naufragio del petrolero cargado con 77.000 toneladas de fuel a 200 millas de las Rías Bajas y al posterior chapapote que ennegreció las playas gallegas. También ha dejado inédito el inaplazable debate sobre la seguridad en una zona de tráfico marítimo internacional tan intenso como la gallega, con una balance trágico de cinco mareas negras en los últimos 20 años. La comisión parlamentaria de investigación, a la que se ha negado el Gobierno de Aznar ante el riesgo de que quedara al descubierto su incompetencia, era el instrumento adecuado para abordar esas cuestiones.

Una parte de la información que ha sido hurtada a los ciudadanos españoles por la actitud oscurantista del Gobierno está llegando ahora de Francia, donde la Asamblea Nacional ha considerado necesario investigar, con motivo del accidente del Prestige, los problemas del tráfico marítimo de mercancías peligrosas. La comisión creada a tal efecto ha trabajado durante cinco meses a puerta cerrada y ahora ha puesto a disposición de los diputados y del público las transcripciones de sus trabajos. Todo un contraste con el papel que ha adjudicado el Gobierno al Parlamento español en la crisis desencadenada por el naufragio.

Una de las primeras sorpresas que ha propoprcionado esta documentación contradice directamente la versión dada por las autoridades españolas sobre el brusco cambio de rumbo de Norte a Sur que dio el barco cuatro días antes de partirse en dos en el Atlántico frente a las costas gallegas y portuguesas. Fomento negó desde el principio la existencia de una indicación del Gobierno francés que explicara un cambio de rumbo tan drástico y aparentemente inexplicable. Pero el prefecto marítimo de la zona atlántica, en su declaración ante la comisión de la Asamblea Nacional, vincula esa decisión al envío de un fax al director de la Seguridad Marítima de España comunicándole la incoveniencia de la ruta en que se hallaba el barco, en la latitud de Arcachon, una de las cuencas ostreras más importantes de la costa francesa.

Fomento insiste en que París no influyó para nada en el cambio de rumbo del barco, y el ministro Álvarez-Cascos acusa a quienes se atrevan a cuestionar la versión oficial de su departamento de "erosionar la credibilidad del Gobierno". Algo realmente imposible en lo que se refiere al Prestige, porque no se puede erosionar algo que no existe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de julio de 2003