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Reportaje:

El gótico llenó Valencia

Una exposición explica el estilo arquitectónico que pobló de palacios y conventos a la ciudad y al Mediterráneo

La notable importancia de la arquitectura gótica mediterránea y en concreto la desarrollada en los antiguos territorios de la Corona de Aragón tuvo un reflejo de especial relevancia en Valencia. De hecho, la ciudad fue "capital" en el periodo comprendido entre la conquista de Jaume I (1238) y finales del esplendoroso siglo XV. Valencia se convirtió en un ciudad gótica "de libro", comparable a las grandes urbes europeas de Flandes, Alemana e Italia, explicó Eduard Mira, comisario junto a Arturo Zaragozá, de la exposición Una arquitectura gótica mediterránea, que ayer se inauguró en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

La ciudad se llenó entonces "de palacios, conventos de órdenes mendicantes, templos, torres, un almudín y una catedral hasta convertirse en la quinta o sexta ciudad de Europa" en una época en la que el viejo continente "supo aunar en su arte arquitectónico la tradición y la modernidad, lo local y lo universal", agregó Mira, nombrado recientemente director del Instituto Valenciano de la Restauración.

En ese contexto histórico y arquitectónico se edificó uno de los ejemplos más emblemáticos del gótico valenciano, el palacio de Mossén Sorell, que fue pasto del fuego hace ahora 125 años, tal y como recordó Zaragozá. De hecho, sobre sus cimientos se erige ahora el pequeño mercado de Mossén Sorell, en el corazón del barrio del Carmen. Pero en su momento fue comparado por su importancia al Palau de Benicarló, sede hoy en día de las Cortes Valencianas, o a otros monumentos góticos relevantes. Algunos vestigios arquitectónicos que se salvaron de las llamas han ido a parar a museos como el parisino del Louvre, que los exhibe como sus bienes más preciados de arquitectura gótica. Pues bien, la exposición ofrece la posibilidad de contemplar hasta el 15 de agosto -luego la muestra recalará en el Marq de Alicante- una recreación en vídeo del Palacio de Mossén Sorell, realizada gracias a las piezas existentes y a la documentación que se ha conservado.

Hay más piezas curiosas e insólitas, como los dos mapas de la época, dos visiones en acuarela de Anthonie van den Wijngaerde, de las ciudades de Xàtiva y Sagunto. Jamás había salido de la Biblioteca Nacional de Viena. El de Valencia sí: formó parte de una exposición en Bruselas. También se exhiben descubrimientos recientes como el contrato para la edificación de la iglesia de Olocau, de finales del siglo XIII, que marcan exactamente el modo de construir una iglesia en el gótico, al mismo tiempo que ponen de manifiesto la voluntad de hacer obras en serie de este estilo arquitectónico que tan buena fortuna tuvo en la antigua Corona de Aragón.

Un total de 120 piezas componen el recorrido expositivo que tiene un claro carácter didáctico, sin excluir el gozo estético que proporcionan la cerámica vidriada de Manises, las esculturas o los diversos dibujos reunidos. Una maqueta ilustra el modo en que se utilizaban las Atarazanas de Valencia; un dibujo explica cómo los laterales de los arcos góticos se rellenaban de tinajas vacías, que se colocaban de forma invertida, con el objeto de no cargar de peso; un pináculo revela cómo se podría haber rematado El Micalet; se puede ver el plano de la iglesia de Xàbia... No podía faltar la Lonja de Valencia y en particular su escalera de caracol.

Maquetas, grabados, restos funerarios, proyecciones audiovisuales, libros, documentos, dibujos, conjuntos escultóricos y arquitectónicos... Una arquitectura gótica mediterránea repasa un "importantísimo episodio de nuestro patrimonio artístico", con espacial atención a la antigua Corona de Aragón, aunque también se refleja el marco europeo en que se inscribió el estilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de junio de 2003