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Reportaje:NUEVA ETAPA EN ARGENTINA

Un caudillo de la Patagonia

Néstor Kirchner, de 53 años, ha desarrollado toda su vida política en la remota provincia sureña de Santa Cruz

Los vientos helados soplan a 120 kilómetros por hora y el termómetro desciende hasta los 20 grados bajo cero en invierno en la provincia argentina de Santa Cruz. Las condiciones de vida son hostiles en la tierra lejana de Néstor Carlos Kirchner, 2.800 kilómetros al sur de Buenos Aires. El primer presidente argentino elegido del siglo XXI nació hace 53 años en Río Gallegos, la capital provincial. Santacruceño de tercera generación, desciende de alemanes y suizos por parte de padre y de croatas, muy católicos, por parte de madre. Él trabajaba en la oficina de correos y telégrafos de Río Gallegos, y ella, chilena, en la de Punta Arenas. A través del teléfono establecieron contacto y así nació una relación a larga distancia que terminó en boda.

Su nombre está detrás de uno de los mayores escándalos de Santa Cruz, que aún colea

Kirchner dice ser católico moderado, menos ferviente que su esposa, la senadora Cristina Fernández, a quien conoció cuando ambos estudiaban Derecho en la Universidad de La Plata y militaban en la Juventud Peronista (JP), una organización próxima a los Montoneros. Se casaron en 1975, un año antes del golpe militar, y tuvieron dos hijos. El matrimonio Kirchner fue detenido en 1974, en pleno apogeo de la violencia de las organizaciones guerrilleras y los paramilitares ultraderechistas de la Triple A. Bajo la dictadura fue detenido de nuevo, esta vez en Río Gallegos, donde se había refugiado. En los últimos años del régimen militar, el matrimonio abrió un despacho de abogados y se dedicó a ganar dinero. En aquella época compraron más de veinte propiedades que figuran en la declaración jurada de la primera dama y senadora. El presidente declara un patrimonio de 800.000 dólares.

En 1987 fue elegido alcalde de Río Gallegos, y su esposa, diputada provincial. Cristina nunca se ha resignado a ser señora de, lo que le ha granjeado fama de mujer firme y controvertida. Néstor Kirchner llegó a la gobernación de Santa Cruz por primera vez en 1991, y desde entonces ha sido el mandamás en la provincia patagónica, donde es considerado un buen administrador, más bien tacaño. Como jefe provincial desarrolló la inversión pública en vivienda, infraestructuras, salud y educación con rigor presupuestario, lo que le ha permitido exhibir unos indicadores sociales muy superiores al resto del país (3% de desempleo, 8,7% de pobres, 100% de escolaridad y un 14 por mil de mortalidad infantil). Algunas encuestas señalan que Santa Cruz es la provincia con mejor distribución de riqueza y menor índice de pobreza, tras la capital federal.

Estas cifras actúan como un imán a la hora de atraer emigrantes de otras provincias. Santa Cruz tiene altos ingresos petroleros, mineros y turísticos, y menos de 200.000 habitantes (0,5% de la población argentina), repartidos en una extensión de 244.000 kilómetros cuadrados, equivalente a la mitad de España. Sus detractores advierten de que no todo es color de rosa en la Patagonia y que Kirchner tiene un discurso progresista para Argentina y otro de carácter feudal en Santa Cruz.

Las cifras no coinciden según quien las difunde, y tampoco son interpretadas de la misma manera. Así, mientras el Gobierno destaca la creación de más de 40.000 puestos de trabajo en el último año y la reducción del desempleo al 3%, la oposición recuerda que el 50% de los asalariados son empleados públicos, y calcula en un 12% el paro real. Las críticas incluyen la censura y el control de la mayoría de medios de comunicación. Sólo uno de cuatro diarios, de escasa difusión, es opositor; los dos canales de televisión están con el Gobierno, igual que las dos principales emisoras. Kirchner dio algunos pasos idénticos a los que criticó en su día a Carlos Menem. Amplió la Corte Suprema provincial de tres a cinco miembros para asegurarse la mayoría automática y reformó dos veces la Constitución, en 1992-1993, para lograr la reelección indefinida, tal y como hizo el ex presidente con el más alto tribunal y la Carta Magna. A favor de Kirchner juega el que no tiene causas en contra por corrupción, pero su nombre está detrás de uno de los mayores escándalos de Santa Cruz, que aún colea.

El gobernador decidió apartar al jefe de los fiscales, Eduardo Sosa, del cargo de procurador general de la provincia. Al parecer, era demasiado independiente. El procurador tiene igual jerarquía que un juez de la Corte Suprema, es designado por el gobernador y sólo puede ser destituido por un juicio político de la legislatura provincial. A comienzos de los años noventa, Kirchner logró aprobar una ley por la cual dividió el cargo de procurador general en dos puestos de nueva creación, fiscal general y defensor general, ninguno de los cuales fue ofrecido a Eduardo Sosa. El procurador recurrió una y otra vez hasta llegar en dos ocasiones al Supremo de la nación, que falló a su favor y ordenó su reposición en el cargo. El gobernador hizo caso omiso.

Ambicioso, tenaz y poco diplomático, Kirchner tiene un perfil distinto de Fernando de la Rúa, el último presidente elegido, a pesar de que la campaña de Menem se empecinó en presentarlo como un político protegido por Eduardo Duhalde, que le eligió para que fuera su sucesor. Su ambición de llegar a presidente viene de lejos, aunque no esperaba competir hasta 2007. Pero la caída del Gobierno de De la Rúa y el apoyo del aparato partidista de Duhalde precipitaron los acontecimientos. Está por ver si podrá volar solo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de mayo de 2003