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Tribuna:GUERRA EN IRAK | La opinión de los expertos

Los Balcanes, trampolín de Bush hacia Oriente Medio

El aún reciente asesinato del primer ministro Zoran Djindjic en Belgrado ha sido presentado en los medios de comunicación locales y occidentales como un fenómeno esencial y casi "típicamente" serbio, como si las mafias y los magnicidios en la última década fueran exclusivos de ese país. En realidad, los Balcanes han entrado en ebullición desde comienzos de este año, en paralelo al agravamiento de la crisis internacional en torno a Irak, y a buen seguro, el fenómeno no es ajeno a ello. Todo parece girar en torno a tres factores: el deseo norteamericano de obtener un país satélite completamente seguro en los Balcanes; la tensión entre la vieja Europa y la Administración Bush; y el posible frenazo a la ampliación de la UE hacia el Este.

"Los Balcanes han entrado en ebullición en paralelo al agravamiento de la crisis en torno a Irak"

"Parece que Bush ha hecho planes para zonas adyacentes, donde hay previstas recompensas para los fieles aliados"

Durante la breve guerra que se extendió por Macedonia durante la primavera y el verano de 2001, sucedieron diversos episodios que apuntaban a un enfrentamiento germano-americano en la zona. Pero sobre todo, como denunció incluso algún medio alemán, menudearon las señales de que las fuerzas norteamericanas en Kosovo demostraban una permisividad inusual hacia la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional albanés, que se movía por la zona y asediaba Tetovo; o la presencia de asesores norteamericanos de origen albanés en sus filas. Posteriormente se acentuaron los rumores sobre la intencionalidad norteamericana de convertir a una Gran Albania reunificada (a base de Kosovo y el tercio occidental de Macedonia) en una cabeza de puente totalmente segura en los Balcanes. La pobreza del país, su devoción hacia los americanos y su personalidad cultural no eslavo-ortodoxa, hacían de Albania un candidato ideal, con excelentes puertos hacia el Adriático.

Con los acuerdos de Ohrid y los intereses de la Administración Bush volcados en Oriente Medio, la idea quedó en el tablero de proyectos. Ahora, los problemas de la campaña de Irak y, sobre todo, una vez concluida la guerra, la necesidad de preparar accesos seguros a la zona para los próximos años, han vuelto a reverdecer el proyecto; sobre todo a la vista de los problemas que pueda plantear Turquía. La más clara manifestación de ese apetito parece ser la reaparición en fuerza de un grupo guerrillero marginal que desde febrero está lanzando una consistente campaña de atentados y apariciones espectaculares: el Ejército Nacional Albanés. La prensa internacional, muy centrada en la crisis iraquí, apenas da noticias sobre él, pero su modus operandi es alarmante, porque reivindican claramente una Gran Albania y, por primera vez y a diferencia de sus predecesores, actúan simultáneamente en Macedonia, Kosovo y el sur de Serbia. No puede probarse que tras las actividades del ENA exista un activo apoyo norteamericano, pero no deja de llamar la atención que en su estrategia contra el "terrorismo internacional" Washington permita y ni siquiera mencione a los violentos del ENA. Según medios de la prensa macedonia, los guerrilleros del ENA reciben armas a través de una firma búlgara denominada Kintex. Ésa es una pista interesante, porque el Gobierno búlgaro apoya devotamente los planes de la Administración Bush ante Irak.

La campaña norteamericana contra Irak ha cuestionado la validez de la OTAN y ha roto la unanimidad política de la UE. Ahora, las actividades de ENA amenazan con tirar por la borda los esfuerzos de las potencias occidentales en los Balcanes, justo en un momento en el que la UE inicia en Macedonia su primera misión militar. Del fracaso de los acuerdos de Ohrid, la destrucción de Macedonia o la ingobernabilidad de Kosovo las potencias europeas sólo cosecharían desprestigio. Los norteamericanos, en cambio, obtendrían un fiel aliado: la Gran Albania. Si con ello Macedonia se fuera por el fregadero como Estado, Bulgaria se quedaría con sus restos sin miedo a una Serbia debilitada. Más a favor de un nuevo aliado de los norteamericanos: la Bulgaria gobernada por el ex rey Simeón, quien, muy desprestigiado él mismo en los últimos meses, ha recibido un importante balón de oxígeno por su inquebrantable apoyo a la campaña de Bush contra Irak. Interesante perspectiva para un régimen, el búlgaro, que en su día recibió el entusiasmado apoyo de la derecha española. Y muy buenos negocios en torno a compras masivas de armamento norteamericano, ya apalabradas.

Zoran Djindjic no era un gran político, pero en Serbia representaba un papel parecido al de Suárez en la España de la transición; por eso su prematura desaparición tiene ya importantes consecuencias para el país. No tanto una involución directa como la instalación de una nueva camarilla en el poder, ligada a turbios intereses, que sin llevar a nuevas guerras obstaculice la transición y modernización de Serbia. De moralidad personal cuestionable, Djindjic encabezaba una línea reformadora que, hoy por hoy, ningún otro político serbio tiene la energía o la audacia de emular. Por lo tanto, un útil aliado de la "vieja Europa" en los Balcanes quedaría fuera de juego toda vez que Rumania y Bulgaria orbitan ahora más hacia Washington, incluyendo la cesión de bases militares de gran importancia para los norteamericanos. Todo ello hace pensar sobre los verdaderos motivos de un magnicidio reiteradamente perseguido a lo largo de un mes, previo a la guerra de Irak. Mucha precipitación e insistencia para ser la obra real de unos mafiosos que escasa amenaza real podían temer de Djindjic y cuya espectacular represión podría estar tapando la aparición de una nueva camarilla en el poder, ligada a un reciente escándalo de armas con dirección precisamente a Irak.

Los manejos norteamericanos para controlar ciertos resortes de poder en los Balcanes no son nuevos, y tenderán a acelerarse o ralentizarse en función del rumbo que tomen los acontecimientos en Irak, pero da la sensación de que, lanzado a poner Oriente Medio patas arriba, el presidente Bush también ha hecho planes para zonas adyacentes como los Balcanes, donde hay previstas recompensas bien tangibles para los fieles aliados. Pero es evidente que, ocurra lo que ocurra, Washington está apostando por crear en los Balcanes un trampolín hacia Oriente Medio, especialmente necesario tras el desplante de Turquía, gran aliado en la zona hasta el momento.

Francisco Veiga es profesor de Historia de la Europa Oriental en la UAB, y autor de La trampa balcánica (Barcelona, 2002).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003