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AMENAZA DE GUERRA | La protesta ciudadana

Avalancha sin precedentes contra la guerra

Más de tres millones de españoles se alzan contra el Gobierno por su postura en la crisis de Irak

Una marea humana sin precedentes clamó ayer en todas las ciudades españolas por la paz y exigió al Gobierno que desista de su apuesta por solventar la crisis de Irak con una intervención armada. La avalancha de manifestantes desbordó todas las previsiones y superó a las mayores manifestaciones que han llenado las calles en momentos tan señalados como el 23-F en Madrid, la reclamación del Estatuto de Autonomía de Cataluña o las protestas contra el Plan Hidrológico Nacional en Zaragoza. En Madrid, según la estimación de este periódico, se manifestaron unas 991.000 personas. Y en Barcelona, según la Guardia Urbana, fueron 1,3 millones. El total en toda España superó largamente los 3 millones.

Nunca se había visto nada parecido en tantas ciudades españolas. La manifestación contra la guerra en Irak desbordó todas las previsiones anunciadas por los organizadores en la mayoría de las localidades.

La Delegación del Gobierno en Madrid reconoció que el número de manifestantes había llegado a 660.000 que llenaron 220.000 metros cuadrados, con un cálculo de tres personas por metro cuadrado. Los organizadores, sin embargo, indicaron que el número alcanzó los dos millones de personas.

Este periódico ha calculado que en el momento de máxima asistencia, los 121.000 metros cuadrados previstos inicialmente por el recorrido oficial estaban ocupados por cuatro personas en cada metro. Pero además las previsiones se desbordaron y se necesitaron 169.000 metros cuadrados adicionales, con una densidad de tres personas por metro. Por tanto, el número de manifestantes en Madrid fue, aproximadamente, de 991.000.

En Barcelona asistieron 350.000 personas, según la Delegación del Gobierno, y 1.300.000 según la Guardia Urbana, cifra que coincide con los cálculos de este periódico. En cualquier caso, ha sido la mayor manifestación de Cataluña. La protesta ciudadana superó a la que reclamó el Estatuto de Autonomía, en 1977, y a la de repulsa por el asesinato de Ernest Lluch, en 2000. La cabecera de la manifestación no logró avanzar ni un cuarto de su recorrido. El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, no acudió, pero su sucesor, Artur Mas, declaró que las manifestaciones envían "el mensaje inequívoco de que hay alternativas al conflicto armado".

El candidato a la presidencia de la Generalitat, Pascual Maragall, señaló: "Se ha abierto un resquicio, los pueblos han visto que por una vez la historia puede ser controlada por la humanidad".

En Zaragoza acudieron 300.000 personas, cifra que sólo han igualado las protestas contra el Plan Hidrológico Nacional. En Sevilla la asistencia ascendió a 200.000 personas, según los cálculos de este periódico. En Granada fueron 150.000, y en Córdoba 75.000, según datos coincidentes de los convocantes y la policía.

Numerosas ciudades batieron sus propios récords de protestas masivas. Entre las tres capitales del País Vasco salieron a la calle 200.000 personas, y eso a pesar de que no asistieron los socialistas, que se manifestaron en Gernika. Patxi López, secretario general del PSE, justificó su ausencia de las manifestaciones unitarias en las tres capitales vascas para "no compartir nada con otros que también estarán en esas calles y que, sin embargo, justifican el asesinato en Euskadi".

En Valencia, la marcha comenzó antes de la hora prevista por la avalancha de gente, y una hora después del inicio aún seguían acudiendo ciudadanos. En Castellón, los organizadores se vieron obligados a cambiar el recorrido por la afluencia masiva de ciudadanos. En Santander asistieron 30.000 ciudadanos, según la policía; en Oviedo, 50.000 según la policía y 200.000 según los asistentes; en Ávila, 5.000 personas; 75.000 en Córdoba, y 20.000 en Jaén. En todos los municipios, los manifestantes, reporteros gráficos y hasta la propia policía en algunos casos repetían la misma frase: "Aquí nunca se había visto nada parecido".

En total, más de tres millones largos de españoles salieron a las calles en un día de mucho frío en bastantes ciudades.

Hasta ayer, nunca se habían registrado tantas alusiones personales al presidente del Gobierno, José María Aznar, durante una manifestación. "Aznar, tus hijos a la guerra, no los míos", decía una pancarta en Madrid. "Aznar, deja al vaquerote y limpia el chapapote". "Nosotros con la vieja Europa. Aznar traidor".

El jefe del Ejecutivo y líder del PP había pedido esta semana durante una entrevista en Antena 3 un ejercicio de comprensión a los ciudadanos para que creyeran en su buena voluntad. Sin embargo fueron varias las pancartas que se vieron ayer en Madrid con la leyenda: "Aznar, te hemos comprendido. Vete a Estados Unidos". Y otra: "Aznar, no te creemos".

En Madrid, el líder socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, declaró: "Lo mínimo que puede exigírsele a un Gobierno democrático es que escuche a la ciudadanía. Ya está bien de gobernar contra la mayoría".

La marea de ciudadanos en Madrid impidió el avance de la cabecera de la manifestación, y los actores que pretendían encabezar la marcha y que se habían congregado enfrente del Museo del Prado fueron trasladados por los organizadores por calles aledañas hasta la Puerta del Sol. Allí, a las ocho de la tarde, Pedro Almodóvar, Fernando Fernán Gómez y Leonor Watling leyeron el manifiesto contra la guerra. Almodóvar, tras corear con los manifestantes un "no a la guerra", llegó a unirse a otros que coreaban: "¡Asesinos, asesinos!". Después, mientras el actor Fernando Fernán Gómez leía parte del manifiesto, cientos de madrileños gritaron: "¡Dimisión! ¡Dimisión!".

El líder de IU, Gaspar Llamazares, señaló: "Si Aznar no escucha, éste será su suicidio político. El Gobierno no ha escuchado y ahora tiene aquí un referéndum social y una censura a su alineamiento con Estados Unidos".

"Un Gobierno muy tozudo"

Gente de todas las edades abarrotaba las calles de Madrid. "La guerra está decidida, pero es evitable. Por lo menos se lo pondremos difícil a Estados Unidos", comentaba el editor Jorge Ruiz Morales junto a sus trillizos de 18 meses.

"Tenemos un Gobierno muy tozudo. Y está claro que la gente está indignada", señalaba Juberis Martínez, dominicano residente en España desde hace 15 años y técnico de empresas y entidades turísticas.

Desde el Gobierno, la lectura que se hacía de las manifestaciones era muy distinta a la de la oposición. El vicepresidente Mariano Rajoy señaló: "[Los manifestantes] expresan una convicción que yo comparto y ejercen un derecho constitucional básico". Y el secretario general del PP, Javier Arenas, indicó: "Coincidimos con el no a la guerra de la sociedad española y trabajamos minuto a minuto por la paz".

Pero, casi a la misma hora, el secretario general de CC OO, José María Fidalgo, advertía: "Si estas movilizaciones no convencen al Gobierno, una marea humana les pasará por encima".

Pese a este clamor por un cambio de actitud del Ejecutivo, éste mantendrá su posición de firmeza. Aún más, el ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, declaró: "Los extraordinarios deseos de paz de los ciudadanos están siendo manipulados por unos cuantos a los que no les importa la paz sino ganar votos o no perderlos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de febrero de 2003