Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Licencia para matar y para engañar

George Bush ha autorizado a la CIA a matar a dos docenas de dirigentes terroristas de Al Qaeda. No es una novedad, sino una precisión, en el cambio experimentado desde el 11-S por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que durante 25 años tenía expresamente prohibido por orden presidencial asesinar o planear matar a dirigentes extranjeros. En teoría esta prohibición se mantiene, pero en la guerra contra el terror declarada después del 11-S, los enemigos caen en un limbo jurídico tal como los ha definido EE UU al calificarlos de "combatientes ilegales".

El prisma con el que Washington ve al mundo es el de las películas del Oeste. Pero el asesinato selectivo es contrario al derecho internacional. El Gobierno húngaro, por ejemplo, dejó ayer meridianemente claro que perseguiría por asesinato a cualquier agente de la CIA que matara a alguien en su territorio. No se sabe aún la actitud del Gobierno español ante la nueva doctrina del asesinato selectivo. Debería dejar bien claro que es un método que acaba socavando los cimientos del Estado de derecho.

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Las órdenes ejecutivas contemplan este asesinato selectivo sólo en caso de que "la captura resulte poco práctica" y si "se minimizan las bajas civiles". El presidente de Estados Unidos no tendrá que confirmar uno a uno a todos los integrantes de la lista de los buscados "vivos o muertos", pero estará al corriente de las acciones. El acto más notorio de la CIA en cumplimiento de este principio fue el ataque por medio de un avión bomba teledirigido Predator contra un supuesto grupo de Al Qaeda en Yemen, operación que sigue sin aclararse.

Las actuaciones de la CIA son supervisadas por la llamada Banda de los Ocho: los presidentes y algunos miembros de los comités de Inteligencia del Congreso y los líderes de cada grupo político. Pero puede haber operaciones menos controlables después de que el Congreso autorizara al Pentágono a crear una subsecretaría de inteligencia que podría competir con una CIA que no gusta a Rumsfeld y a los halcones del Departamento de Defensa, pues hasta ahora la organización reina de los espías no ha querido establecer ningún vínculo entre Al Qaeda y Sadam Husein.

El Pentágono es también partidario de operaciones encubiertas mediáticas para influir en la opinión pública de diversos países, incluso aliados. Es el frente oscuro de la propaganda. En tiempos de la guerra fría y en manos del enemigo se llamaba desinformación. La Administración de Bush quiere así licencia para matar y para engañar. Todo ello en bien del mundo ¿libre?

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