Columna
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Elogio de la mentira

"No tenemos la menor seguridad de que en el futuro los seres humanos vayamos a ser mejores, más solidarios ni más tolerantes. En cambio, yo estoy seguro de que mañana alguien me contará una historia que hoy aún no conozco y que me encantará", decía ayer Jean-Claude Carrière en su charla sobre el relato oral. En una época en que tanto se oye hablar del agotamiento de la imaginación y de la crisis de la ficción, el optimismo de Carrière resulta cuando menos reconfortante. Gran amigo de Buñuel, guionista de Milou en mai y de Valmont, Carrière glosó la capital importancia de la transmisión oral. "Un pueblo que no puede contar su historia pierde la mitad de su realidad y su cohesión íntima".

Carrière, que se define como mentiroso y que honra la memoria de la primera persona anónima que, "allá por la época de las pinturas de Altamira" tuvo la audacia de pergeñar un relato inventado que por primera vez se apartaba de las narraciones míticas, dio una serie de consejos a los mentirosos profesionales. "En primer lugar, para que una historia sea universal debe tener sus raíces en lo particular. En segundo, como decía Proust, todo gran autor inventa un lenguaje desconocido hasta entonces. Por último, como decía Buñuel, un gran guionista debe matar a su padre, violar a su madre y traicionar a su patria cada día".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 11 de diciembre de 2002.

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