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300 jóvenes protestan en Cáceres sin incidentes por el cierre de bares

La policía denunció ayer a cuatro personas por insultar a agentes durante la protesta improvisada que alrededor de 300 jóvenes, según los cálculos realizados por este diario (500 según la Delegación del Gobierno) protagonizaron en Cáceres. Como en días anteriores, la tensión comenzó a partir de las 4.30 de la madrugada, cuando cerraron las dos discotecas de la zona y cientos de personas acudieron a la plaza de Albatros, en la zona de copas conocida como La Madrila, que desde la noche del jueves se encontraba vigilada por cuatro furgones de agentes antidisturbios.

Mientras esperaban la reapertura de los locales de la plaza a las 6.00, las personas allí congregadas gritaron insultos contra la policía y el alcalde, José María Saponi (PP) a los que dedicaron pitadas. Desde que se cerraron los bares a las 2.00 hasta la reapertura cuatro horas después, el ruido no cesó en un lugar rodeado por edificios de viviendas de nueve pisos.

Hacia las 5.00, unas 30 personas cortaron el tráfico de la calle que atraviesa la plaza, sin que los agentes actuaran. Los jóvenes se sentaron en la calzada donde corearon sus reivindicaciones, silbaron y dieron palmas. Un cuarto de hora más tarde cuatro de ellos se acercaron en actitud desafiante a los agentes, y se sentaron a tan sólo a dos metros de los furgones. Uno de los agentes advirtió a uno de ellos de que no hiciera una foto bajo la amenaza de requisarle la cámara. En los accesos a la plaza se congregaron decenas de curiosos que no querían perderse los posibles incidentes.

'Malacostumbrados'

'Nos han malacostumbrado durante todos estos años', afirmaba una estudiante de enfermería mientras observaba las protestas. 'Tendrían que haber reducido el horario de los bares poco a poco, pero no así de golpe, como lo han hecho'. Otros se quejaban del mayor gasto que supone acudir a las discotecas desde que se cumplen los horarios de cierre de los locales. 'Mis padres me dan sólo diez euros para salir. Dos y medio se van en el tabaco y otros cinco me los tengo que gastar en la entrada', aseguraba un chico de 22 años recién llegado del masivo botellón de la Plaza Mayor.

La situación sólo se calmó cuando reabrieron los bares de la plaza a las 6.00. Los que permanecían allí desde dos horas antes se dirigieron pacíficamente a los bares. Algunos permanecieron abiertos hasta las 8.30.

Por la mañana los residentes de la zona se quejaban de insomnio. 'No he podido pegar ojo hasta las siete de la mañana y lo he podido hacer porque me he tomado un somnífero', aseguraba un vecino. Otro aseguró que el problema de La Madrila tiene dos vertientes: 'No se trata sólo del horario de cierre. Algunos bares ni siquiera están insonorizados'. 'Si no estuvieran los bares, la plaza sería un sitio estupendo para ir con los niños', afirmó otro residente en la zona que llevaba de la mano a un pequeño. 'Ahora está llena de cristales, y de orines', añadió. 'En estos conflictos siempre tiene que haber alguien que salga perdedor, y en este caso ha sido este barrio'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de octubre de 2002