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Estados Unidos acusa por primera vez a Cuba de la fabricación de armas biológicas

Por primera vez en los cuarenta años de guerra fría entre Estados Unidos y Cuba, el gobierno de George W. Bush acusó ayer a La Habana de estar fabricando armas de destrucción masiva. El subsecretario de Estado norteamericano, John Bolton, afirmó que Cuba ha pasado tecnología para desarrollar armas biológicas a países que fomentan el terrorismo. Aunque Bolton no identificó los países con los que la nación caribeña estaría compartiendo la tecnología sí resaltó los viajes de Fidel Castro a Siria, Libia e Irak en años pasado. Los tres países mencionados están, al igual que Cuba, en la lista que anualmente divulga el Departamento de Estado sobre países que cooperan o fomentan el terrorismo.

"Hacemos un llamamiento a Cuba para que cese su cooperación en materia de guerra biológica con países rebeldes y para que cumpla con sus obligaciones bajo los acuerdos de la Convención de Armas Biológicas", señaló Bolton. Las inesperadas declaraciones causaron gran sorpresa entre la clase política y diplomática que le escuchaba en la Fundación The Heritage.

Bolton no explicó la razón por la que había elegido este momento para revelar las actividades de Cuba, pero otros funcionarios del Departamento de Estado señalaron que EE UU conocía "desde hace tiempo" los secretos de La Habana y ahora la administración había tomado la determinacón de que entrañaban "un riesgo demasiado serio" como para mantenerlas ocultas. Las mismas fuentes, citadas por la prensa norteamericana, dijeron que no se había revelado antes por temor a las repercusiones negativas que podría acarrear para los informantes que EE UU mantiene en Cuba.

Las acusaciones realizadas ayer representan un giro de 360 grados en la política de EE UU con el último bastión comunista. En la década pasada, Cuba ya no estaba en el radar de peligro inminente porque no promovía activamente "revoluciones" en el continente, e incluso durante la última etapa del gobierno de Bill Clinton hubo intentos de suavizar el embargo. A esa política contribuyó en gran medida un informe de la Agencia de Inteligencia del Pentágono (DIA), en 1998, que expresamente excluía a Cuba como "amenaza", a pesar de que se mencionaba como preocupación su avance en la investigación de armas biológicas.

El informe lo elaboró una espía del gobierno cubano que trabajaba como analista en la DIA, Ana Belén Montes, que se declaró culpable en marzo. El descubrimiento de un topo propició una revisión a fondo. El programa de desarrollo de armas biológicas y la cooperación de Cuba con los Estados rebeldes cobró una relevancia y urgencia que ayer quedaron patentes con el discurso de Bolton.

El subsecretario de Estado se refirió al "doble uso" que Cuba ha venido haciendo de su avanzada biotecnología, reconociendo a la vez que es uno de los países con mayor capacidad de investigación en ese campo en Latinoamérica, producto de sus lazos con los científicos de la ex Unión Soviética. EE UU cree que Cuba utiliza las instalaciones biomédicas en las que fabrica vacunas y fármacos para desarrollar armas biológicas, aunque según Bolton su capacidad actual es "limitada".

Las declaraciones de Bolton corroboran las realizadas por científicos cubanos que han desertado en EE UU. El congresista cubano conservador Lincoln Díaz Balart reaccionó a las palabras de Bolton diciendo que "ya era hora de que EE UU se diera cuenta de que Castro es un terrorista". Anoche La Habana no se había pronunciado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de mayo de 2002