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La hora del Mediterráneo

Los ministros mediterráneos de Exteriores se van a reunir en Valencia la semana próxima para revitalizar el proceso diseñado en Barcelona en 1995 para sacar de la miseria a una región que necesita crear nada menos que 45 millones de puestos de trabajo en la próxima década... sólo para mantener las paupérrimas tasas de empleo actuales. En aquel momento se decidió también establecer un área de libre comercio entre los países ribereños en el año 2010.

Desde entonces, se han dado algunos pasos importantes: se han firmado Acuerdos de Asociación con Marruecos, Túnez, Egipto y Jordania; se ha establecido una zona de libre comercio entre estos países (Proceso de Agadir); se ha reforzado la cooperación regional; y se ha empezado a hablar de derechos humanos y democracia, aunque no se haya avanzado demasiado en la Carta Euromediterránea de Paz y Estabilidad. A pesar de estos logros, nuestro protagonismo en la región sigue siendo muy escaso, sobre todo si se compara con el de los EE UU, como dolorosamente hemos comprobado en el conflicto de Oriente Medio, en que todos los focos parecen iluminar sólo a Bush.

En Valencia se quiere avanzar con más decisión en cuestiones tan importantes como la lucha contra el terrrorismo, el control de la emigración, el establecimiento de una fundación para promover el diálogo multicultural, la preservación del Mediterráneo como un mar vivo, la liberalización de los movimientos de mercancías, servicios y capitales y la creación de nuevos instrumentos financieros que impulsen el desarrollo de aquellos desventurados países. Se me antoja que para impulsar este proceso es necesario poner en marcha una Asamblea Parlamentaria que bien podría recibir las aguas bautismales en la pila de San Vicente Ferrer. Porque, sólo si actuamos con rapidez, podremos evitar que el actual polvorín mediterráneo se lleve por delante la paz y la estabilidad del mundo.

Para quienes crean que estas cuestiones nos caen muy lejos, me gustaría advertir que en Valencia se van a discutir asuntos que nos son tan próximos como el libre tránsito de los productos agrícolas, el papel de nuestros puertos en las nuevas autopistas marítimas, el diseño del nuevo gaseoducto entre Argelia y España y, finalmente, el protagonismo que debe asumir la Comunidad Valenciana en los programas de desarrrollo de nuestra frontera sur (Plan MEDA). En síntesis, ha sonado la hora de hacer crecer de nuevo el olivo de la paz en el Mediterráneo.

José Manuel García-Margallo es eurodiputado popular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 06 de abril de 2002.

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