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Israel inicia su retirada militar de los territorios palestinos recién ocupados

El vicepresidente de EE UU se niega a entrevistarse con Arafat al llegar a Jerusalén

Israel comenzó a retirarse anoche de todos los territorios palestinos invadidos hace tres semanas, culminando así un repliegue que inició hace cuatro días por presiones de Estados Unidos. El repliegue deja expedito el camino para que israelíes y palestinos puedan sentarse a negociar sobre un alto el fuego: el más consistente de los planeados durante los 16 meses de Intifada. El artífice de la operación ha sido el emisario de la Casa Blanca, Anthony Zinni, que ha hecho frente a todo tipo de trabas, incluida la poco afortunada visita a Israel de Dick Cheney.

"¡Nos vamos a casa! ¡Nos vamos a casa!" exclamaban entre sonrisas los soldados israelíes subidos a sus blindados cuando minutos antes de la medianoche (hora española) el Ejército israelí se marchaba de la ciudad de Belén. Tras ellos, quedaba una avenida plagada de postes derribados y barriles cruzados sobre el asfalto. Mientras, algunas mujeres del cercano campo de refugiados de Haza se asomaban tímidamente para comprobar que la marcha de los soldados israelíes era cierta. Y lo era, aunque había costado varias horas de negociación mantenidas en las cocinas del Hotel Intercontinental entre un coronel israelí un oficial de la Policía palestina. Ambos discutieron hasta el último momento sobre la manera en que debía efectuarse el repliegue y cómo los palestinos garantizarían que no habría ataques contra los israelíes.

No fue está la única reunión de ayer. En la principal de ellas, responsables de seguridad israelíes y palestinos se entrevistaron en un hotel de Jerusalén durante más de tres horas, bajo la mirada atenta del mediador estadounidense, Anthony Zinni.

El plan de repliegue israelí y despliegue palestino afecta a las zonas de Beit Yalá y Beit Sahur, en la provincia de Belén, así como en otras zonas de Cisjordania y Gaza, en las que las fuerzas del Ejército israelí quedaron rezagadas y acantonadas el pasado viernes, cuando el ministro de Defensa, Benjamín Ben Eliezer, y el propio jefe del Gobierno ordenaron una retirada "general", bajo las indicaciones "claras y firmes" de la Casa Blanca.

El repliegue de las últimas posiciones autónomas fue anunciado ayer por Ben Eliezer en una comparecencia ante el Parlamento de Jerusalén y posteriormente ratificado por un comunicado oficial. La operación se inició a las nueve de la noche (hora española) de ayer y su culminación estaba prevista para la madrugada de hoy, con el fin de evitar problemas de tráfico en los accesos de Jerusalén y eludir, asimismo, ataques de los activistas palestinos.

Con esta retirada los israelíes acatan una de las más importantes exigencias planteadas por el presidente palestino para negociar el alto el fuego. Aunque quedan encima de la mesa otras dos peticiones -garantías de que las tropas no regresarán a los territorios y la presencia de observadores internacionales-, el camino queda abierto y limpio para que el miércoles se reúna el Alto Comité de Seguridad y pueda decidirse en este foro tripartito un alto el fuego.

Si todo se desarrolla como estaba ayer noche previsto, israelíes y palestinos podrían empezar a gozar de una tregua a partir de media semana. Hasta que llegue el pacto, las dos partes vivirán con el alma pendiente de un hilo, con el temor de que suceda algo imprevisto. De hecho, poco antes de repliegue morían dos palestinos a tiros, uno en una aldea cercana a Hebrón y otro en un control en la franja de Gaza.

Respuesta ambigua

El momento es especialmente delicado sobre todo si se tienen en cuenta anteriores experiencias de alto el fuego, que se vinieron rápidamente abajo como consecuencia de atentados de los radicales palestinos o provocaciones del Ejército israelí. Por esa razón, ayer, Arafat pidió a los israelíes que no respondan con represalias a las acciones de los extremistas palestinos, ya que ello significaría dar a los intransigentes la llave del proceso de pacificación. La respuesta de los israelíes fue ambigua: "No creo que nadie pueda negarnos el derecho a defendernos".

El artífice en solitario de este proceso ha sido el general Zinni, que por cuarta vez en poco menos de tres meses fue enviado por la Casa Blanca, para tratar de establecer un alto el fuego. Zinni ha trabajado contrarreloj desde su llegada a la zona el pasado jueves. Ha vencido todo tipo de exabruptos y dificultades para cumplir su misión, incluida la poco afortunada visita del vicepresidente Cheney. El vicepresidente norteamericano, que hizo escala en Israel en el marco de su gira en busca de apoyos para atacar a Irak, se negó ayer a entrevistarse con el presidente palestino, Yasir Arafat, y sí lo hizo, por dos veces, con el primer ministro israelí, Ariel Sharon y otra con el presidente israelí, Moshe Katsav. Esta negativa no es fruto de una decisión personal arbitraria, sino perfectamente coherente con el otro discurso de la Casa Blanca sobre el conflicto israelo-palestino, el que propugna la defensa a ultranza de las posiciones sionistas y reclama la muerte política de Arafat.

Antes de Cheney ha habido otros responsables norteamericanos, incluido el ex presidente Bill Clinton, que han evitado saludar al presidente palestino, sin duda por miedo a perder el apoyo del electorado judío. Cheney, consciente del desequilibrio diplomático, pidió ayer como alternativa reunirse con algún miembro destacado de la Autoridad Nacional Palestina, a lo que ésta, herida en su amor propio, contestó de manera firme: "O con Arafat o con nadie".

Mientras, Arabia Saudí anunció ayer que el príncipe heredero y hombre fuerte del reino, Abdalá Bin Abdelaziz, ha aceptado una invitación al rancho tejano del presidente norteamericano, George W. Bush. Es previsible que el conflicto israelo-palestino ocupe una parte central de sus conversaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de marzo de 2002