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Una nueva ola de violencia frena la misión de paz de EE UU en Oriente Próximo

El Ejército israelí vuelve a ocupar Belén e Israel sufre dos atentados de terroristas palestinos

Grupos radicales palestinos y soldados israelíes se enzarzaron ayer, tras dos días de calma, en un nuevo ciclo de violencia que amenaza con complicar y atascar el proceso de pacificación que intenta sacar adelante el emisario de la Casa Blanca, Anthony Zinni. Enquistados en una lucha sin fin, los extremistas palestinos efectuaron ayer dos acciones suicidas contra la población civil israelí que causaron un muerto y más de 25 heridos, mientras que fuerzas del Ejército de Israel invadieron de nuevo Belén y mataron a dos militantes de Hamás en Gaza. Las esperanzas de paz parecen poco a poco diluirse.

Un palestino disparó ayer con un fusil automático a los viandantes que se encontraban transitando por el centro comercial de la ciudad israelí de Kfar Saba, a menos de 40 kilómetros al norte de Tel Aviv. Los disparos provocaron la muerte de una mujer y heridas graves en otros 15 ciudadanos. El tirador fue abatido por un camionero, que pasaba cerca del lugar del atentado en ese momento. "Saqué mi pistola y le disparé a la cabeza", explicó después.

Horas más tarde, un segundo militante suicida se inmoló con una carga explosiva en las cercanías de una parada de autobús en el barrio de French Hill, en Jerusalén oriental. El hombre bomba ocasionó 10 heridos y numerosos destrozos en vehículos que transitaban por los alrededores. La organización integrista Yihad Islámica se responsabilizó del atentado.

No fueron hechos puntuales y aislados, sino parte del usual e infernal ciclo de violencia en el que están atrapados israelíes y palestinos desde hace más de 16 meses. Sin que sirva de justificación, hay que señalar que el doble ataque suicida era la respuesta a operaciones anteriores de militares israelíes, entre las que cabe destacar cuatro secuestros de activistas islámicos en Cisjordania, la muerte por tiroteo de dos seguidores de Hamás en Gaza y una nueva incursión con tanques en el centro de Belén que se saldó con un muerto.

Abrir negociaciones

En cualquier caso, la nueva espiral de ataques y contraataques, que amenaza con aumentar en las próximas horas, complica la misión del enviado de la Casa Blanca, el general Anthony Zinni, que llegó hace cinco días a la región con un único objetivo: lograr un alto el fuego en la Intifada y sentar a los dos beligerantes en la mesa de negociaciones. El ciclo de violencia es especialmente inoportuno, ya que se produce en el delicado momento de la negociación indirecta previa al debate sobre el alto el fuego.

Pocas horas antes de los atentados, Zinni había estado entrevistándose con israelíes y palestinos, sopesando la posibilidad de abrir rápidamente las negociaciones sobre una tregua inminente, y poniendo en práctica un programa de trabajo elaborado en junio de 2001 por el director de la CIA, George Tenet. Pero desacuerdos importantes de las dos partes hicieron fracasar la intentona, enrocando a los protagonistas y alejándolos de la mesa del diálogo.

El presidente Yasir Arafat reclama tres condiciones previas para sentarse a hablar con los israelíes un alto el fuego: la retirada de las tropas de todas las ciudades autónomas, las garantías de que el Ejército no volverá a las zonas palestinas y luz verde para el establecimiento de observadores internacionales a la zona. El repliegue absoluto y total de las fuerzas ocupantes tiene el apoyo del presidente norteamericano, quien así se lo ha hecho saber al Gobierno israelí.

La respuesta del primer ministro, Ariel Sharon, ha sido tajante: "Retiraremos las fuerzas en cuanto nos garanticen el fin de los ataques terroristas". Hasta el momento, el Ejército israelí se ha replegado de algunas ciudades, entre ellas Ramala, pero mantiene su presencia en otras zonas, especialmente en Hebrón, Belén y Nablús.

En plena polémica, Sharon, azuzado por los partidos de extrema derecha, ha empezado a dar muestras de nerviosismo y de querer "dar marcha atrás" con respecto a algunas concesiones efectuadas en los últimos días. Ayer, por ejemplo, anunció que "no negociaría bajo el fuego", volviendo así a sus antiguas y ancestrales posiciones, que abandonó inesperadamente hace una semana por las presiones de Estados Unidos.

En una prueba más de su involución, Sharon aseguró también ayer en la reunión del Consejo de Ministros que la propuesta saudí de paz, que se debatirá dentro de una semana en la cumbre de la Liga Árabe en Beirut, es "inaceptable". El plan de Arabia Saudí plantea la normalización de relaciones de todos los países árabes con Israel, a cambio del repliegue de las tropas israelíes a las fronteras de 1967.

Pero ni la violencia ni las declaraciones políticas impidieron que se celebrasen dos reuniones, en Cisjordania y Gaza, entre responsables de seguridad israelíes y palestinos, informa la agencia France Presse. "El domingo por la noche hubo encuentros de seguridad entre las dos partes en Gaza y Cisjordania", anunció en la televisión israelí el ministro de Defensa, Benjamín Ben Eliezer, sin aportar más precisiones. El solo hecho de que hayan tenido lugar representa un paso importante, aunque no suficiente para cortar la dinámica de la violencia.

El ministro de Defensa de Israel señaló que el Ejército "no se retirará de las zonas A (los territorios autónomos palestinos) que con la garantía de que la Autoridad Nacional Palestina tomará todas sus responsabilidades para impedir que prosigan la violencia y los atentados en los sectores evacuados".

Retirada de los territorios

Ben Eliezer estimó que el presidente Yasir Arafat es "el único que puede controlar la situación sobre el terreno". "No tenemos elección, tenemos que darle una nueva oportunidad y veremos en los próximos días, mientras prosiga la misión del general Anthony Zinni en la zona, si nos hemos equivocado", agregó.

A 10 días de que tenga lugar la cumbre de la Liga Árabe en Beirut, donde se debatirá la propuesta de paz impulsada por Arabia Saudí, que cuenta con el apoyo de EE UU y la UE, Ben Eliezer se mostró, sin embargo, muy poco concreto sobre la posibilidad de que Yasir Arafat sea autorizado por Israel para poder acudir al encuentro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de marzo de 2002