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La 'toma' del Ministerio de Exteriores por parte de 'Il Cavaliere' desata una tormenta política en Italia

El clamor provocado por el anuncio del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, de ocupar el cargo de ministro de Exteriores por un periodo de seis meses forzó ayer a uno de sus colaboradores a precisar que la "interinidad" no será tan larga. Roberto Antonione, subsecretario de Exteriores y coordinador de Forza Italia fue el encargado de transmitir la nueva contraorden tras entrevistarse con el subsecretario de presidencia del Gobierno, Gianni Letta. En realidad, la idea del doble cargo de Il Cavaliere no había sido bien acogida por el presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi.

Según la prensa italiana, Ciampi es partidario de que se nombre cuanto antes a un sustituto en el Ministerio de Exteriores. Una posición que comparten algunos importantes socios de la coalición de centro-derecha, empezando por Gianfranco Fini, líder de la posfascista Alianza Nacional y vicepresidente del Gobierno, que se considera un candidato "natural" a dirigir la diplomacia italiana. La candidatura de Fini fue relanzada ayer por AN. Este candidato encontraría seguramente fuerte oposición en Europa por su pasado fascista. La actitud acaparadora de Berlusconi no ha sido vista con agrado tampoco por el Centro Cristiano Demócrata (CCD), el partido al que pertenece Pierferdinando Casini, presidente de la Cámara de Diputados y otro de los ministrables.

La objeción más importante que unos y otros ponen al doble cargo es la dificultad que representa mantener las reuniones, viajes y entrevistas de dos agendas tan complejas. Berlusconi, en calidad de ministro de Exteriores, tendría que haberse entrevistado ayer con su homólogo español, Josep Piqué, y haber viajado el jueves a París para participar en un encuentro con ministros de Francia, Reino Unido y Alemania. Una y otra cita han tenido que ser pospuestas. A Piqué le recibirá el viernes. Sin contar con el problema de protocolo que representa la presencia de un primer ministro en una reunión de ministros a secas. Todo apunta a que el primer ministro tendrá que refrenar su instinto acaparador, so pena de dejar a Italia infrarrepresentada en muchas reuniones internacionales a las que tendría que acudir un subsecretario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de enero de 2002