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El presidente paquistaní saluda al líder de India para rebajar la tensión

Musharraf respalda su gesto hacia Vajpayee con la detención de islamistas radicales

Musharraf ha hecho algo más que un gesto. El apretón de manos que el presidente paquistaní dio ayer al primer ministro indio, Atal Behari Vajpayee, en Katmandú estuvo precedido de una nueva redada contra extremistas islámicos en su país. La detención de 200 seguidores del radical Sipah-e-Sahaba en las provincias de Sindh y Punjab, que sigue a acciones similares en las últimas semanas, demuestra, según fuentes diplomáticas paquistaníes, "la voluntad del general Musharraf de solucionar el contencioso con India". Sin embargo, Nueva Delhi considera que aún no es suficiente.

"Tienen que darnos tiempo", asegura a EL PAÍS un diplomático paquistaní que se muestra convencido de que "por primera vez los objetivos de India y Pakistán coinciden". "Musharraf está siendo sincero; desea genuinamente acabar con los extremistas islámicos, tal como ha demostrado con su giro en la política afgana", manifiesta esa fuente, para quien la premura de India le está poniendo entre las cuerdas. "Hay dos formas de hacerlo: por las bravas, con el consiguiente riesgo de que alguno de esos extremistas cometa una locura contra el presidente o alguno de sus ministros -porque se han sentido traicionados en Afganistán-, o paso a paso, tal como está haciendo Musharraf para evitar una reacción violenta".

El problema es que, tras el atentado suicida contra su Parlamento el pasado 13 de diciembre, India, que lo atribuye a militantes apoyados por Pakistán, ha perdido la paciencia. "También influyen las próximas elecciones en cuatro importantes Estados indios", apunta una fuente conocedora de la política interna de ese país. El Gobierno de Vajpayee no puede ser percibido como débil en un momento en que su partido, el Bharatiya Janata, se juega varias circunscripciones.

"El propio Pakistán ha sido una víctima del terrorismo", declaró ayer el presidente paquistaní durante la cumbre de jefes de Estado de Asia del Sur. "Consideramos el terrorismo como una grave amenaza a la sociedad civil... Estamos determinados a eliminarlo", aseguró antes de anunciar que deseaba "extender una mano de amistad sincera al primer ministro Vajpayee". Entonces, en un gesto que le granjeó el aplauso entusiasta de los presentes, Musharraf se levantó, rodeó el podio y se dirigió a Vajpayee, a quien sorprendió con un apretón de manos.

Insuficiente para India

"Estoy contento de que el presidente Musharraf me haya ofrecido su amistad. Le he dado la mano en presencia de todos ustedes. Ahora el presidente Musharraf debe dar continuidad a ese gesto no permitiendo, ni en Pakistán ni en ningún territorio actualmente bajo su control, ninguna actividad que permita a los terroristas perpetrar actos de violencia contra India", respondió el primer ministro indio durante su discurso. Vajpayee no hizo mención a los esfuerzos que Musharraf está haciendo para limitar el poder adquirido en la última década por los partidos islamistas paquistaníes.

Aun así, el gesto del presidente paquistaní logró romper el hielo, y si bien ambos no llegaron a conversar directamente durante el posterior banquete oficial, sus ministros de Exteriores se reunieron durante 45 minutos.

Sin embargo, ese esfuerzo diplomático todavía no se ha traducido sobre el terreno. Ayer, un nuevo enfrentamiento de las tropas indias y paquistaníes en la disputada región de Cachemira dejó un muerto y siete heridos a ambos lados de la Línea de Control que separa a ambos países desde el alto el fuego de 1971.

La tensión resurgida en esa zona ha llevado a las dos potencias nucleares a su mayor demostración de fuerza en 15 años. Los dos lados han acumulado soldados y material bélico a raíz de que Nueva Delhi dijera que contemplaba todas las opciones, incluida la guerra, si Pakistán no actuaba contra los militantes antiindios que operan en Cachemira desde territorio paquistaní. Tanto EE UU como China les han pedido que no recurran a la fuerza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de enero de 2002