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TEMPORAL DE FRÍO SIBERIANO

La ola de frío deja a Cataluña aislada y al borde del caos

El Gobierno catalán, desbordado por la nieve

Barcelona
El segundo día de temporal de frío y nieve en Cataluña se convirtió en una trampa para más de 2.000 ciudadanos. Y en un inmenso quebradero de cabeza para el Gobierno de la Generalitat, que vio desbordados sus servicios de emergencia. El temporal y las críticas arreciaron conforme la situación se volvía más y más caótica. Las personas afectadas por el temporal y la oposición política en Cataluña mostraron su indignación por lo que consideran una falta de previsión por parte del Ejecutivo de Jordi Pujol, que al final no tuvo más remedio que aceptar la ayuda de unidades del Ejército, ofrecida por la Delegación del Gobierno central un día antes. La ola de frío se extiende hoy al resto de España.

Cataluña vivió ayer una jornada al borde del caos por la ola de frío siberiano que azota por segundo día consecutivo el noreste de la Península. El peor temporal de nieve registrado en esta comunidad en 15 años, con temperaturas extremas de hasta 10 grados bajo cero, afectó incluso a la costa mediterránea. A última hora de ayer hasta 25 carreteras permanecían cortadas, entre ellas dos autopistas (A-7 y A-2) y en otras 32 era obligatorio el uso de cadenas. Durante 24 horas, más de 2.000 personas se vieron atrapadas en sus vehículos. Ciudades y pueblos quedaron incomunicados; varias líneas de ferrocarril, cortadas y más de 30.000 usuarios, sin suministro eléctrico, cifra que se redujo a la mitad por la noche. Cataluña se convirtió en una zona inaccesible por carretera desde el resto de España y desde Francia.

Hasta 10 grados bajo cero, 30 carreteras cortadas y 2.000 personas atrapadas

El Gobierno de la Generalitat prohibió desde media mañana la circulación de vehículos pesados para no agravar la situación. La medida no impidió el caos en la red viaria de la comunidad autónoma y una oleada de críticas, tanto de ciudadanos afectados como de la oposición política, contra el Ejecutivo de Jordi Pujol por no prever una situación anunciada desde principios de semana.

Los servicios de emergencia se vieron desbordados ante la magnitud del temporal, que castigó sobre todo a las comarcas centrales de Cataluña. La demanda de servicio de los centros de urgencia y emergencia de la Generalitat se duplicó con respecto a la habitual en el caso de Lleida y Girona.

El consejero de Interior, Xavier Pomés, tuvo que realizar un llamamiento a la serenidad y pedir a la gente que no se desplazara con sus vehículos. Se trataba del enésimo, y desoído, requerimiento en toda la semana. El consejero culpó a los ciudadanos de provocar el caos en las carreteras y exigió "que no esperaran a que la Administración les resolviera siempre los problemas". Los millares de automóviles no hicieron sino agravar un panorama generado por los centenares de camiones atravesados en medio de las vías. En algunos tramos la nieve alcanzó los 70 centímetros.

Intervención militar

La N-II permaneció cortada desde Huesca hasta Esparraguera (Barcelona). La situación más complicada se vivió en el túnel del Bruc, donde 50 camiones impedían el acceso de las máquinas quitanieves y donde tuvieron que ser evacuadas unas 200 personas, lo que obligó a la intervención de efectivos del Ejército de Tierra, con helicópteros, camiones orugas y vehículos de transporte. La noche del viernes, la Delegación del Gobierno en Cataluña había ofrecido la movilización de la Guardia Civil y de unidades del Ejército al Ejecutivo catalán, que aceptó ayer ante el agravamiento de la situación.

Pese a que la intervención del Ejército trataba inicialmente de ayudar a los técnicos de Fecsa para llegar hasta las zonas más inaccesibles sin suministro eléctrico, su función se amplió a casos de salvamento.

En la Autopista A-7, en el paso fronterizo de la Jonquera, los Mossos d'Esquadra impidieron circular a los vehículos pesados, que fueron desviados a aparcamientos y al aeropuerto de Girona. Algunos de ellos burlaron los controles policiales y continuaron su ruta por carreteras secundarias. La Autopista A-7 estuvo cortada entre Tarragona y Cambrils y, por la mañana, en el peaje de Martorell por la nieve acumulada, un fenómeno inusual al nivel del mar.

La tempestad, que el viernes afectó fundamentalmente a Girona y Barcelona, se desplazó ayer hacia el sur y afectó especialmente a algunas comarcas de Lleida y Tarragona. Asimismo, quedaron instransitables las Nacionales 240 y 340, además de la N-II y la A-2, que dejaron Cataluña descolgada en el mapa de carreteras. Precisamente en la A-2, en Montblanc, se registró un accidente entre tres autobuses y dos coches. No hubo heridos, pero unos 40 jubilados tuvieron que pasar la noche en la escuela de la población.

Algunos ayuntamientos, como los de Lleida, Vic o Igualada, tuvieron que habilitar polideportivos o recintos feriales para albergar a un millar de afectados por el temporal. En Vic fueron 200 personas, 160 de las cuales participaban en el Campeonato de Cataluña de Natación. En el caso de Igualada fue más grave ya que la cifra de perjudicados se elevó a 800, que a lo largo del día de ayer fueron trasladados a Barcelona en ferrocarril. El consejero de Interior manifestó que la máxima prioridad de su Gobierno era resolver la situación de las personas que se encontraban en esta circunstancia, antes que desbloquear el colapso viario.

Siete muertos

En la madrugada de ayer, una joven de 23 años falleció cuando su coche se salió de la calzada a su paso por Sitges (Barcelona) debido al hielo acumulado. Ya son siete los muertos como consecuencia de la ola de frío. Este es el peor temporal al que han tenido que hacer frente los Mossos d'Esquadra desde que se desplegaron por las comarcas de Girona, Lleida y parte de Barcelona.

Entre los ciudadanos atrapados por la nieve fueron numerosas las quejas por la tardanza -y en algunos casos la ausencia- de efectivos de la policía autonómica. Los partidos de la oposición, tanto desde la izquierda como desde el PP, lanzaron sus dardos verbales contra el Gobierno de Jordi Pujol por lo que coincidieron en describir como falta de previsión ante la crónica de un temporal largamente anunciado.

Si la activación por anticipado de los correspondientes programas de prevención parecía lo más aconsejable, el gran interrogante que se dibuja ahora es qué ocurrirá mañana, cuando los ciudadanos tengan que volver al trabajo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de diciembre de 2001