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Reportaje:PATRIMONIO INDUSTRIAL

El rescate de la memoria obrera

El Palacio Bikuña de Legazpi acoge desde hoy una exposición dedicada a los tres proyectos europeos que participan en la iniciativa Salvaguardia y revalorización de lugares de trabajo obrero de principios de siglo XX en Francia, Alemania y España. La localidad guipuzcoana aporta las Fundiciones San Miguel a ese trío de construcciones con cuya rehabilitación se pretende no sólo la conservación de una arquitectura, sino la preservación de un periodo histórico imprescindible en la historia de Legazpi, como en las de Bègles y Berlín, las otras dos ciudades elegidas.

El proyecto está dirigido por la asociación francesa Renaissance des Cités d'Europe (Renacimiento de las Ciudades de Europa), con se de en Burdeos, una de las capitales del continente que está viviendo una auténtica revolución urbanística en su centro histórico.

La exposición ha tenido un precedente en el seminario que, desde el jueves 13 se ha celebrado en la sede bilbaína del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN). Allí, expertos de toda Europa han estudiado 'ese patrimonio industrial que no se tiene en cuenta porque no cuenta con la antigüedad suficiente o una calidad arquitectónica extraordinaria', en palabras de Klaus Tescher, representante del Habitat Forum Berlín.

Espacios imprescindibles

Sin embargo, estos espacios son imprescindibles para explicar la historia de lugares como Legazpi, donde las instalaciones de la empresa Patricio Echevarría configuraron una localidad del interior guipuzcoano de carácter eminentemente rural, aunque con una tradición ferrona que se remontaba al siglo XV. En Francia, el espacio elegido es el secadero de bacalao Sauveroche en Bègles, mientras que en Alemania se ha trabajado con los patios de Ruthenberg de Berlín-Weissensee.

Para su recuperación se preparó, primero, un estudio con el fin de ofrecer la mayor información posible acerca de cada lugar. El siguiente paso fue la convocatoria de un concurso de ideas entre jóvenes licenciados y profesionales de todo Europa. Y estas dos aportaciones son las que se pueden visitar en Legazpi desde hoy. Según los organizadores, 'la elección de Legazpi para esta primera exposición se justifica por ser un lugar de referencia, es una verdadera construcción territorial y social modelada por la industria, todavía hoy impregnada de memoria obrera'.

Esta característica es imprescnidible para comprender la elección de Fundiciones San Miguel o el Secadero Sauveroche. Como recuerda Klaus Tescher, 'lo importante es que la memoria construida se conserve y no como un espacio vacío, sino con otro uso actual que continúe dando vida al edificio'.

En el caso de las instalaciones guipuzcoanas, el proyecto atiende a un edificio de los años 50, que albergaba una pequeña fundición en la que se transformaba el hierro en herramientas y otras piezas. Es uno de los talleres adyacentes a la principal fábrica de la localidad que modeló Legazpi.

La presencia de Patricio Echevarría es tal que levantó una empresa que instalaba a sus ferrerías en la Revolución Industrial y que además modelaba el pueblo, con la construcción de viviendas, comercios, escuelas o un dispensario para atender a los trabajadores.

Todas las actividades correspondientes a este proyecto están impulsadas por la Fundación Lembur que ha creado el parque Mirandaola, un paseo por la vinculación de Legazpi con la industria del hierro, que comienza en las ferrerías y quiere concluir en Fundiciones San Miguel, donde se ubicará un museo sobre esta industria.

En cuanto al secadero de bacalao de Bêgles, se ha querido reivindicar una zona de la ciudad a la que el desarrollo actual había dado la espalda, por su ubicación junto al río. La reciente instalación de un nuevo puerto para barcos de recreo ha sido determinante para que la mirada de las instituciones se fije en estas construcciones que tienen sus primeros antecedentes a mediados del XIX.

El proyecto berlinés es el que cuenta con un mayor interés arquitectónico. Se trata de una tipología específica de la capital alemana creada por el industrial Ruthenberg con el fin de rentabilizar su fábrica de marcos metálicos dorados. Adosados a la planta principal de su empresa adosó pequeños talleres y viviendas con el fin de que utilizaran la electricidad, el agua y el vapor de su fábrica. Este conjunto ha sido reconocido en el catálgo patrimonial, pero no había recibido el tratamiento adecuado hasta que ha entrado en el programa Salvaguardia y revalorización de lugares de trabajo obrero de principios de siglo XX.

Pero en estos días también ha habido tiempo para la reflexión, como reconoce Klaus Tescher, el representante del proyecto berlinés después de un paseo por la Ría de Bilbao, en el que ha tenido la oportunidad de conocer las ruinas industriales de la desembocadura del Nervión.

Soluciones imaginativas

Tras el viaje, Tescher explicó cómo 'lo principal no es mantener esos edificios históricos, sino ofrecer soluciones imaginativas; de ahí que sean imprescindibles los concursos de ideas, como hemos llevado a cabo en Berlín con las construcciones de las empresas que tenían relaciones con el Este'.

El siguiente paso que están desarrollando en Berlín es la reivindicación de los edificios de los años 30 que sobrevivieron a la guerra, un tipo de iniciativa que todavía está en mantillas en el País Vasco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de diciembre de 2001