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Los afganos culpan a los 'mujahidin' extranjeros de todos sus males

Hay 10.000 dentro del país, 1.000 de ellos relacionados con Al Qaeda

En Afganistán, siempre que hay un problema, los comandantes de la Alianza del Norte echan la culpa a "cientos de chechenos, árabes y paquistaníes" que combaten con los talibanes. Si el problema es muy gordo, como en el caso de Kunduz, entonces el número de guerrilleros asciende a miles o decenas de miles. Desde los tiempos de la guerra contra los soviéticos, cuando unos 35.000 musulmanes vinieron a luchar desde todos los rincones del mundo islámico, entre ellos un rico saudí llamado Osama Bin Laden, la presencia de combatientes extranjeros es una vieja tradición en este país.

Ahora, cuando el régimen talibán se encuentra en las últimas y sólo resiste en su feudo de Kandahar, la mayoría de los afganos creen que sus males son una consecuencia directa de la presencia de guerrilleros extranjeros que se sumaron a la yihad (guerra santa) de los talibanes.

Las ejecuciones sumarias que se han producido tras la toma de Kunduz, que fue el último bastión talibán en el norte del país, o la matanza en la cárcel de Qila-i-Jhangi, en Mazar-i-Sharif, donde cientos de talibanes extranjeros han sido asesinados con el apoyo de la aviación y las tropas especiales de EE UU, en la más salvaje represión de un motín que se haya conocido, demuestra hasta qué punto está arraigado el odio contra los talibanes extranjeros.

Nadie sabe exactamente cuántos son. Muchos estaban aquí antes del 11 de septiembre, en las bases de Bin Laden en Afganistán, y otros, sobre todo paquistaníes, llegaron cuando comenzaron los ataques aéreos de EE UU, el pasado 7 de octubre. Aunque los comandantes de la Alianza del Norte dan cifras disparatadas, es muy posible que sean unos 10.000, de los que sólo unos mil estarían directamente relacionados con Al Qaeda.

El viceministro del Interior talibán, el mulá Jaksar, que se pasó al nuevo Gobierno cuando cayó Kabul, confirmó la semana pasada que creía que quedaban en Afganistán unos 10.000 guerrilleros extranjeros. La noche en que los talibanes abandonaron Kabul, los hombres de este antiguo líder de las milicias radicales mantuvieron enfrentamientos con estos combatientes. "Yo había dicho muchas veces que, mientras haya combatientes extranjeros en Afganistán, la paz nunca llegará a este país", dijo Jaksar.

Esa frase es repetida una y otra vez. Cuando el pueblo de Maidan Shahr, situado a sólo 30 kilómetros de la capital afgana, se rebeló contra la Alianza, los comandantes culparon de nuevo a los islamistas que se sumaron a las fuerzas talibanes. Luego resultó que era una revuelta pastún y una rencilla entre vecinos solucionada a la afgana, o sea, a tiros y cañonazos.

Ayer, en ese mismo lugar, el comandante local, Abdel Ahmad, explicó a este corresponsal por qué no se podía ir a la vecina localidad de Jalrez. "Todavía pueden quedar paquistaníes, árabes y chechenos en el camino. No es seguro", señaló. Y luego agregó: "Esos voluntarios extranjeros han hecho muchas cosas malas, y por eso EE UU atacó Afganistán. Ahora que los talibanes están siendo derrotados, los echaremos a todos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de noviembre de 2001