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Bush advierte al mundo que 'quien no está con nosotros está contra nosotros'

El presidente de EE UU compara al Gobierno talibán con el régimen de Hitler

"Quien no está con nosotros, está contra nosotros". El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, afirmó esta madrugada (hora española) que no había lugar posible para la neutralidad en la guerra contra el terrorismo. Bush pronunció el discurso más importante de su vida ante las dos cámaras del Congreso, reunidas en sesión conjunta, para anunciar una larga lucha contra el "terrorismo de alcance mundial" en la que Afganistán fue señalado como el primer enemigo. Anunció la creación de un Departamento de Seguridad Interior, a cuyo frente estará Tom Ridge, gobernador de Pensilvania.

El discurso de Bush se dirigió más allá del Congreso, a los ciudadanos estadounidenses y al resto del planeta. Para Afganistán fueron las amenazas más concretas. El presidente condenó el régimen de los talibán, al que comparó con el de Adolf Hitler, y reclamó la entrega inmediata de Osama Bin Laden y de todos los miembros de la organización Al-Qaida refugiados en su territorio. Reclamó también que abrieran el país al examen internacional. "Estas exigencias no son negociables", dijo. "O las cumplen", amenazó, refiriéndose a los talibán, "o compartirán el destino de los terroristas". "Llevaremos a nuestros enemigos ante la justicia, o llevaremos la justicia hasta nuestros enemigos", proclamó. "Nuestra guerra empieza con Al-Qaida", aseguró, "pero no terminará hasta que cada grupo dedicado al terrorismo mundial haya desaparecido".

"Este combate no será como la guerra del Golfo, que culminó con la liberación de un territorio concreto. Esto será más que una represalia inmediata, y más que un bombardeo". Bush dijo que la larga campaña contra el terrorismo podría incluir "ataques espectaculares, visibles por televisión", pero también "operaciones encubiertas". "Estad preparados", declaró, refiriéndose a los militares. "Se acerca el momento en que habrá que actuar", añadió. Unidades terrestres, navales y aéreas de las Fuerzas Armadas estadounidenses han empezado ya a partir hacia Oriente Próximo y Asia Central, para estacionarse en zonas cercanas a Afganistán.

En la tribuna de honor estaban Tom Ridge, el gobernador republicano de Pensilvania, que dirigirá el nuevo Departamento de Seguridad Interna, con acceso directo al presidente, y dos invitados muy especiales: el primer ministro británico, Tony Blair, y el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Bush olvidó su vocación fronteriza, que le había llevado a proclamar, hace unas semanas, que no había "asunto más importante para Estados Unidos que las relaciones con Mexico", y regresó a la sólida alianza con los británicos. "No tenemos un amigo más sincero que el Reino Unido", afirmó.

George W. Bush evocó la Segunda Guerra Mundial al hablar de los lazos que unían a los Estados Unidos con los británicos y al comparar a los terroristas islámicos con "los fascistas, los nazis, los totalitarios del siglo XX". "Nuestro enemigo", subrayó, "no son nuestros numerosos amigos musulmanes, ni nuestros muchos amigos árabes. Nuestro enemigo es una red de terroristas radicales, y cada gobierno que les apoya".

"Utilizaremos todos los recursos a nuestro alcance, cada instrumento diplomático, cada pieza de información, cada medio legal, cada influencia financiera y cada arma de guerra, para entorpecer y derrotar la red del terror mundial", dijo.

El discurso presidencial abundó en los temas ya desarrollados por el propio Bush y sus principales colaboradores en los últimos días. Pidió la colaboración de todos los gobiernos amigos, e insistió en que quienes no se sumaran a su bando, pasarían automáticamente a formar parte del contrario y serían tratados "como hostiles, con todas las consecuencias". Y confirmó que la primera fase de la campaña incluiría un ataque contra Afganistán en el caso, más que probable, de que los talibán no aceptaran entregar a Bin Laden "y a todos los demás terroristas", y abrir los campos de adiestramiento a la revisión internacional. Su cruda descripción del régimen talibán, "que encarcela por poseer una televisión, que encarcela a la mujer que aprende a leer, que encarcela al hombre cuya barba no es lo bastante larga", sirvió para que los estadounidenses aprendieran a detestar a un nuevo enemigo.

"La libertad está en guerra contra el miedo", declaró Bush. "Y no fracasaremos". Los aplausos de los congresistas fueron ensordecedores. Los discursos ante las dos cámaras en sesión conjunta se celebran una vez al año, con motivo de la apertura del debate sobre el Estado de la Unión. El de ayer se justificó por las circunstancias extraordinarias creadas por el masivo ataque terrorista del 11 de septiembre contra Nueva York y Washington. Las circunstancias eran tan extraordinarias que, por primera vez en la historia, el vicepresidente no presidió la sesión. Dick Cheney, sustituto del presidente en caso de muerte o incapacidad, permaneció oculto en otro lugar por motivos de seguridad. Los servicios secretos estadounidenses consideran posible cualquier catástrofe, y prefieren tomar todas las precauciones.

Tanto los republicanos como los demócratas elogiaron el discurso de Bush y calificaron de "excepcional" la unanimidad creada por la amenaza terrorista. "No hace falta un discurso sobre el Estado de la Unión", había dicho el presidente, "porque eso es evidente: después de ver la resistencia de Nueva York y la solidaridad de todo el país, la conclusión es que la Unión está más fuerte que nunca".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de septiembre de 2001