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Reportaje:

El polémico funicular de Bulnes se abre a los turistas, pero poco

Los socialistas asturianos, que se opusieron a la obra, permiten desde hoy que la usen 400 pasajeros diarios

El polémico tren funicular que asciende hasta la aldea de Bulnes (Asturias), en el corazón de los Picos de Europa, quedará abierto al público esta tarde. Este remonte, construido por decisión del PP y al que se opusieron la izquierda y los ecologistas, lleva en servicio siete meses, pero con su utilización limitada a la docena de vecinos de la localidad.

El Gobierno socialista del Principado, que se encontró en 1999 con la instalación en avanzado estado de ejecución, permitirá desde hoy el acceso al público pero restringirá su uso a un máximo de 400 viajeros al día y con un precio disuasorio (2.500 pesetas ida y vuelta) para evitar la masificación turística. El tren eléctrico de cremallera discurre por un túnel de 2,4 kilómetros bajo la montaña de Peña Maín con una pendiente del 18% y permite salvar en diez minutos de recorrido los 400 metros de desnivel entre las localidades de Poncebos y Bulnes, ambos en el municipio de Cabrales y este último a 570 metros de altitud.

Esta obra, contra la que grupos ecologistas y montañeros interpusieron siete recursos por supuesta ilegalidad e irregularidades aún pendientes de resolución, fue decidida en 1997 por el Gobierno del Principado y el Ejecutivo central, ambos del PP, para satisfacer una histórica reclamación de Bulnes, la única localidad de los Picos de Europa que carecía de acceso rodado y cuyos habitantes sólo podían comunicarse a pie o en caballería a través de dos sendas de montaña.

PSOE e IU se opusieron al proyecto, pero cuando los socialistas recuperaron el Gobierno en 1999 decidieron culminar una obra en la que ya se habían invertido por encima de los 1.000 millones de pesetas. El coste final ha sido de 1.900 millones, 600 más de los previstos. La idea original de que fuese sólo usado por los vecinos de Bulnes cambió cuando la directora del Parque Nacional de los Picos de Europa, Victoria Delgado, advirtió de que no toleraría la distinción entre vecinos y visitantes: 'El Plan Rector de Uso y Gestión del parque prevé un máximo de 28 pasajeros por viaje. Y pasajeros son pasajeros, sean vecinos o ciudadanos en general', dijo.

Sin embargo, la versión oficial atribuye la decisión de abrir el tren de cremallera a todo tipo de usuarios al alto coste de la instalación. Un reciente estudio del Principado concluía que mantener el funicular -con un coste de más de 100 millones de pesetas anuales- sólo para el uso de los vecinos de Bulnes sería 'ruinoso e inviable'. Aún con turistas, el déficit de explotación se estima en 'algunas decenas de millones', según el consejero de Infraestructuras, Juan Ramón García Secades. 'La instalación es cara de mantener y la apertura al público contribuirá a paliar los gastos', explicó.

El Principado, que acaba de gastar más de 100 millones de pesetas en medidas de seguridad adicionales, aspira ahora a que Parques Nacionales y el Ayuntamiento de Cabrales (PP) se comprometan al sostenimiento del tren.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de septiembre de 2001