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58ª MOSTRA DE VENECIA

Mira Nair gana el León de Oro

Acompañan al filme indio en la lista de premios los de Irán, Austria y México

Venecia
Una decisión no unánime, pero inteligente y justa, del jurado presidido por el cineasta italiano Nanni Moretti llevó anoche, en el Palazzo del Cinema del Lido, a las manos de Mira Nair, directora de Boda en el monzón, el León de Oro de esta edición de la Mostra veneciana. Pero un juego de equilibrismo casero hizo que las dos célebres copas Volpi de interpretación fueran para Sandra Ceccarelli y Luigi lo Cascio, protagonistas del ampuloso, cursi y hueco filme italiano Luz de mis ojos, que no merece ser incluido en una lista de premiados en la que figuran trabajos espléndidos del iraní Babak Payami, el mexicano Alfonso Cuarón y el austriaco Ulrich Seidl, no totalmente perfectos pero que contienen cine vivo libre.

El filme indio Boda en el monzón, dirigido por Mira Nair, ganó anoche el León de Oro de esta edición de la Mostra veneciana. La película relata con humor vivo y alegría expansiva la pequeña aventura de la vida de una familia de la burguesía del Punjab, en el centro de Delhi, y representa con extraordinaria agilidad y precisión el cruce de culturas que se mueve dentro de los comportamientos cotidianos de esta gente, libre y abierta a las mutaciones que laten y se presagian en el fondo de la estructura social tradicional de India.

Hubo ante este premio división de opiniones entre los acreditados de prensa reunidos masivamente en la Sala Perla del Lido. Hubo también división de opiniones ante la concesión de la Copa Volpi a la mejor actriz a Sandra Ceccarelli por su trabajo en el filme italiano Luz de mis ojos; pero, en cambio, el rechazo fue sonoro y rotundo al pronunciarse el nombre de su compañero de reparto, Luigi lo Cascio, como destinatario de la Copa Volpi al mejor actor por la misma película. El rechazo a estos premios era, más que a ambos intérpretes, al hecho de que tan mediocre filme fuera incluido en la lista de premios sin merecerlo en absoluto.

Fueron aclamados, por contra, el resto de los premiados, y en especial el cineasta iraní Babak Payami, cuyo filme El voto es secreto era considerado el favorito y pasó por aquí rodeado de una admiración y un apoyo colectivo unánimes.

Unánime fue también la buena acogida al doble premio al filme mexicano Y tu mamá también. El galardón, fundado por Marcello Mastroianni para distinguir a los actores jóvenes en alza, fue a manos de los dos chicos protagonistas del filme, Gael García Bernal y Diego Luna; el director Alfonso Cuarón recogió el premio al mejor guión, sin duda exacto, pues esta notable película mexicana contiene un impecable y originalísimo ejercicio de escritura.

Y unánime fue también la aceptación al filme austriaco Canícula, dirigido por Ulrich Seidl, que ganó el gran premio del jurado. Es un filme muy duro, original e inteligente, pero de imagen perturbadora, sucia y casi repelente, que lo convierte en una muestra de cine disuasorio, que expulsa al espectador de las salas y quita las ganas de volver a ellas.

Mención española

Finalmente, la novedad del León del Futuro y el León del Año, inventados por la actual organización de la Mostra para premiar al cine joven y al cine marginal, fueron concedidos al filme esloveno Kruh in mleko, de Jan Cvitkovic, y al filme francés El empleo del tiempo, de Laurent Cantet. El cortometraje español Bamboleho, dirigido por Luis Prieto, obtuvo una mención especial.

El jurado que decidió estos premios lo formaban el cineasta italiano Nanni Moretti, en funciones de presidente, y los siguientes profesionales del cine: la actriz argentina Cecilia Roth, el director polaco Jerzy Skolimovski, el escritor indio Amitav Ghosh, el director estadounidense Taylor Hackford, la actriz francesa Jeanne Balibar y la productora danesa Vibeke Windelov.

Algunas filtraciones a los periódicos italianos afirman que estos componentes del jurado internacional estuvieron bastante lejos de alcanzar unanimidad en sus decisiones, y añaden que dejaron ver disparidades de criterio en ocasiones muy pronunciadas, entre Moretti y Skolimovski, hasta el punto de que el primero acusó ante responsables de la Mostra de no entender los gustos de algunos de los miembros del jurado. Si la filtración es cierta, hay que decir que Moretti no andaba descaminado, pues algunas decisiones adoptadas son difícilmente defendibles, lo que es un fenómeno frecuente en los festivales, cuyos jurados suelen estar formados por profesionales de la industria del cine, que suelen ser malos críticos, parciales y con escasa capacidad de análisis.

Más creíbles suelen ser los premios extraoficiales, que esta vez han ido a parar casi en exclusiva a las manos del cineasta iraní Babak Payami por su admirable El voto es secreto. Esta inteligente y hermosa película propone una poderosa representación surreal de la sociedad iraní y ha obtenido el Premio Pasinetti, el de la Unicef, que le atribuye 'elegancia, sutilencia, delicadeza e ironía en sus imágenes', y el Net-pac Award, además del premio Ragazzi e Cinema, que comparte con Los navegantes, de Ken Loach; y el de la Oficina Católica Internacional del Cine (OCIC), que también comparte con el cine de Loach, y con Boda en el monzón, de Mira Nair. El premio de la Crítica (Fipresci) fue para Salvaje inocencia, del francés Philippe Garrel.

Con este reparto de premios, acaba una Mostra que deja ver una concepción errónea e injusta de un festival competitivo, un concurso de películas inéditas. La organización de la Mostra ha optado por la cantidad y, dividiendo el concurso en dos, ha duplicado el número de filmes en competición, que este año alcanzó casi el medio centenar, cifra abrumadora, materialmente inabarcable para el cronista, que está así forzado a ver, analizar y convertir en crónica nada menos que una media de cinco películas diarias, es decir, 10 horas de cine durante 10 días.

Este despropósito, de proporciones ofensivas para el receptor de la programación, convertido así en víctima de ella, ha forzado a prácticamente todos los cronistas españoles, e imagino que de otros países, a prescindir de la veintena de filmes del concurso Cine del Presente, lo que ha dañado irreparablemente a las películas seleccionadas para competir en esta sección, que por desgracia han obtenido escasísimo o nulo eco informativo y analítico, que es lo que ante y sobre todo busca un filme en un festival de esta especie.

De esta injusticia es única responsable la errónea organización de la Mostra que, al cubrirse las espaldas eligiendo la cantidad sobre la síntesis de la calidad, ha imposibilitado una información y un estudio sereno de la totalidad de las películas en liza. La Mostra ha entrado así en una dinámica viciada, peligrosa y potencialmente oportunista, pues puede presumir de haber barrido para dentro todo el nuevo cine disponible, pero no puede alardear de haber facilitado el conocimiento de ese nuevo cine. Al contrario, lo ha oscurecido, neutralizado, casi inutilizado, pues esas películas ya no pueden concursar en otros festivales de audiencia mundial y el silencio que aquí han obtenido no puede aliarse ni atenuarse. Y esta admirable y venerable vieja Mostra del cine se ha convertido en Mostra contra el cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001