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PASARELA CIBELES

Francis Montesinos cierra con una fiesta floral plena de colorido

Decepciona la última jornada, dedicada a los jóvenes diseñadores

El último día de la Pasarela Cibeles con las propuestas para la primavera-verano de 2002 estuvo dedicado a los jóvenes, y su resultado fue decepcionante y triste. Escasa innovación, exceso de artesanía, versionado doméstico de las tendencias y poco margen a la implantación industrial evidencian que la selección hecha carece de orientación estética y técnica. Spastor (que ganó el Premio L' Oreal al mejor diseñador joven) fue la excepción con su rigor.

Alianto prensentó una colección comercial sin originalidad; Elisa Aman, al compás de una torturante rapera, redescubre el término trapiz: una mezcla entre trapo y tapiz para ir a una prenda compleja, improducible en serie.

Spastor, a quienes no se puede calificar de debutantes, presentó una breve colección disciplinada del negro sobre el negro, aire conventual alternando hombre y mujer con riqueza material: raso azul noche y ante suavizado en americanas correctas y pantalones prietos. Luego, Miriam Ocariz hartó al personal con un banquete de lazos y serigrafías sin orden ni concierto, presentando ropa ajena (de segunda mano) tratada con sus grabados y sobredibujada a bolígrafo.

Al hilo de los gráficos manuales sobre la ropa, en el stand de una revista de moda, el artista David Delfín, que presentará su primera colección en el Circuit de Barcelona a mediados de octubre, ha sido la verdadera revelación de un creador joven de moda, haciendo sesiones de trabajo continuas donde manipula prendas y añade su particular caligrafía y sus símbolos (la cruz roja de homenaje a Joseph Beuys, la corbata pintada).

Por la tarde, Alma Aguilar mostró desigualdad estilística y desorientación con un tratamiento invernal. Después, Yohuate movió con aburrimiento tres ideas: cordadas, heridas fontana y nervaduras en resalto.

Tras un desfile de bañadores de Andrés Sardá, cerró Cibeles Francis Montesinos con el tema de las vitolas de tabaco cubanas estampadas sobre diversos tejidos: linos, tul elástico y seda; así demostró que la moda puede aún divertir y ser motivo de fiesta. Su colección es la mejor de los últimos tiempos, con sus guiños tradicionales a lo valenciano, pero con muchos detalles de buena inspiración y mejor hechura. Su punto rojo con hilo de lurex oro no se olvidará fácilmente y se usará con pasión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de septiembre de 2001