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LA CRISIS EN ORIENTE PRÓXIMO

Sharon desafía a la comunidad internacional e insiste en usar todo su arsenal contra la Intifada

La sociedad israelí se muestra dividida ante la actitud de su primer ministro frente a los palestinos

'Vamos a utilizar todos los medios disponibles para proteger a los ciudadanos de Israel', anunciaba ayer en la prensa local el primer ministro de Israel, saliendo al paso de las críticas suscitadas por los bombardeos de los F-16, que provocaron el viernes la muerte de 11 personas y más de medio centenar de heridos. Por si sus palabras no eran lo suficientemente claras, el general Sharon, uno de los cerebros de la invasión contra Líbano en 1982, volvía a reafirmarse en sus propósitos belicistas a media mañana, al finalizar una reunión del Gabinete de Seguridad convocada de manera urgente, y cuando al final del sabat, la fiesta religiosa de los judíos, se escuchaban ya las voces discordantes de los sectores pacifistas y dialoguistas, y la Liga Árabe pedía desde El Cairo la ruptura de contactos políticos de sus miembros con Tel Aviv.

'No les pondremos el cuello a los palestinos para que nos degüellen', comentó con ironía Sharon a los asistentes a la reunión, traspasando los límites de todas las precauciones verbales lógicas de un gobernante. La incontinencia del general alentó a algunos otros mandos militares a mostrarse aún más radicales, anunciando a través de los medios de comunicación: 'No hemos aplicado aún todos los planes para responder al aumento de la violencia de los palestinos'.

Sharon no parece inmutarse ante la ofensiva internacional de paz y el torbellino de críticas que ha empezado a desencadenarse en el interior de Israel, en el que participan formando un único frente laboristas contrarios a la participación de su partido en el Gobierno de unidad nacional, sectores pacifistas, diputados y la minoría árabe -40.000 de cuyos miembros han pedido a la ONU que envíe una fuerza de observadores para proteger a sus hermanos de Gaza y Cisjordania- , así como un sector nada despreciable de ministros, que de manera ambigua han empezado a dar muestras de descontento. Pero, sobre todo, la prensa.

'Israel ha reaccionado con las tripas, lanzando un ataque de sus cazabombrdeos, después de la emoción suscitada por el atentado de Netania', aseguraba ayer uno de los periódicos más populares del país, Yediot Aharanot, mientras recordaba que Israel utilizó por última vez los F-16 en la guerra de los Seis Días, en 1967.

'El conflicto israelo-palestino, que ha entrado en su octavo mes, ha pasado del fusil ametrallador M-16 al cazabombardero F-16. Tenemos el derecho de esperar más sangre fría de un primer ministro, de un ministro de Defensa y de un jefe de Estado Mayor', publicaba ayer Maariv, propiedad del magnate ruso judío Vladímir Gusinski.

La oposición israelí cerraba ayer filas contra Sharon, amenazando su futuro político, al tiempo que reflexionaba en voz alta para afirmar: 'Los bombardeos del F-16 eran como un disparo contra los propios pies de Israel'. Desgraciadamente, estaba equivocado el ex ministro de Exteriores Shlomo Ben Ami, cuando semanas atrás comentó en Tel Aviv a EL PAÍS que a Sharon 'sólo le queda la opción política y diplomática, ya que en el terreno militar nosotros [los laboristas de Ehud Barak] lo hemos hecho todo'. Este profesor de historia, autor de Israel, entre la guerra y la paz, se olvidaba de que siempre hay una última posibilidad: la locura.

El apoyo radical

Sharon no está solo. Le acompañan los sectores radicales, capitaneados por los colonos (200.000 personas de un total de seis millones de habitantes), que ayer se manifestaron por las calles de la capital para celebrar el Día de Jerusalén, una fiesta oficial en la que se conmemora la 'reunificación' o 'conquista' de la ciudad en 1967. Banderas, cantos patrióticos, bandas de música, carrozas llenas de flores, ayudaron a exaltar aún más el fervor nacionalista-sionista de los seguidores de Sharon. A todos ellos el primer ministro dedicó sus palabras de guerra.

Las autoridades palestinas decidían ayer despachar al ministro de Cooperación Internacional, Nabil Shaat, a Europa para intentar que la comunidad internacional envíe una fuerza de protección a la zona. La primera escala del emisario fue en Berlín, donde reiteró su llamamiento de apoyo: 'El presidente Arafat se halla impotente en la situación actual, en la que estamos siendo agredidos por las fuerzas de ocupación'. Luego, de manera más directa, se dirigió a la Casa Blanca: 'Estados Unidos ha concluido contratos con nosotros y nos ha dado garantías en el proceso de paz. Queremos que respeten sus compromisos. No pueden continuar en su reserva'.

El rumor del debate verbal no logró sin embargo apagar el estruendo de los disparos y los obuses de los tanques israelíes que se abatieron ayer sobre Ramala, en los alrededores del asentamiento de Pasgot. Lo que era en principio un intercambio de tiros se convirtió a media tarde en un bombardeo, en represalia por las heridas a un soldado israelí. El coronel palestino Yibril Rayub, el jefe de la Seguridad Preventiva en Cisjordania, resultó herido levemente, así como otros cinco de sus guardianes, por los obuses que los israelíes lanzaron sobre su casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de mayo de 2001