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ENTREVISTA

'Lo que tenemos entre los palestinos y nosotros es una guerra'

Yasir Arafat ha desaprovechado una ocasión de oro para firmar la paz con su enemigo y el primer ministro israelí, Ariel Sharon, no es precisamente el más indicado para darle una segunda oportunidad. Así opina el diputado laborista y ex ministro israelí de Asuntos Exteriores Shlomo Ben Ami, para quien la negativa de Arafat a aceptar el plan propuesto por el ex presidente estadounidense Bill Clinton poco antes de abandonar la Casa Blanca demuestra que el presidente de la Autoridad Palestina carece del coraje suficiente para poner fin al conflicto. Ben Ami (Tánger, 1943), ex embajador de Israel en España, tampoco ahorra críticas contra Sharon y cree que éste no quiere un acuerdo definitivo con los palestinos.

Pregunta. Usted propone una conferencia internacional como única vía para solucionar el conflicto. ¿Sería similar a la celebrada en Madrid en 1991?

Respuesta. Podría ser algo por el estilo. En mi opinión, Arafat es mentalmente incapaz de asumir la idea de poner fin al conflicto. Tengo la impresión de que piensa que estas negociaciones son algo infinito, que siempre hay que dejar un capítulo abierto, y sería sensato pensar, aunque no existan hoy las condiciones políticas ni en EE UU ni en Israel, en una solución internacional. No cabe más que este tipo de conferencia. La plataforma sobre la cual podría organizarse tendrían que ser los parámetros de Clinton.

P. ¿Qué debería hacer el Gobierno israelí para propiciar el regreso a la negociación?

R. Sharon dice que no tiene posibilidades de avanzar hacia un acuerdo definitivo. No es ésa su filosofía y el Gobierno tiene contradicciones internas que no le permiten buscar algo definitivo, por lo cual él prefiere un acuerdo interino. Va a ser prácticamente imposible llegar a un acuerdo interino si no se negocia simultáneamente un acuerdo definitivo.

P. ¿Cuál es el mayor error que ha cometido Arafat?

R. Esa obsesión de no acabar, de no rematar, adoptar ese perfil de líder mitológico que parece incapaz de tomar una decisión imperfecta. Para elegir entre una solución perfecta y una imperfecta no necesitamos líderes; los líderes se necesitan para tomar decisiones imperfectas y Arafat, hasta el momento, no ha demostrado el coraje político que demostró Barak para asumir las decisiones difíciles.

P. ¿Es posible la paz con Arafat?

R. Soy de los que piensan que para llegar a la paz con los palestinos serán necesarios sacrificios territoriales. Arafat no es la persona que firmará el acuerdo con Israel, y no lo digo por buscar una coartada. Esa ilusión de que él va a llegar a un acuerdo con Israel con toda la familia palestina detrás es una falacia. No existe una paz que no pase por la división interna de su propia sociedad. Es, desgraciadamente, la guerra la que une. La paz divide, y eso lo hemos entendido nosotros muy bien. Isaac Rabin pagó con su vida y Barak pagó con su carrera política.

P. ¿Qué opina de los asesinatos selectivos de dirigentes de la Intifada por el Ejército israelí?

R. Mire, lo que tenemos hoy entre nosotros y los palestinos es una guerra. A pesar de que esta Intifada se ha convertido en una vendetta tribal, en esencia se trata de una guerra entre dos entidades políticas. La Intifada es fruto de una decisión estratégica de Arafat, al margen de si controla o no la violencia. La guerra tiene un objetivo político; nadie quiere aniquilar al otro, lo que quiere es definir las fronteras del acuerdo político. Yo me he expresado muchas veces sobre lo que usted llama asesinatos selectivos y me gustaría no expresar mi postura en el extranjero.

P. ¿Se arrepiente de no haber entrado en el Gobierno?

R. De ningún modo. Eso de perder unas elecciones y estar en el Gobierno me parece, por decencia democrática, inadmisible. Hay que acatar el veredicto popular y prepararse para volver. Creo profundamente en el péndulo democrático. La derecha no tiene solución militar, no tiene solución política, y el péndulo volverá hacia nosotros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de mayo de 2001