Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
54º FESTIVAL DE CANNES

El italiano Nanni Moretti gana la Palma de Oro en Cannes

Isabelle Huppert y Benoit Magimel logran los premios de interpretación por 'La pianista'

La causa más evidente de la casi unanimidad que rodeaba aquí estos días a La habitación del hijo hay que buscarla en la gran fuerza de arrastre emocional que logra la película de Moretti, que en su segunda parte abre generosamente el grifo de un buen, noble y consolador llanto colectivo, habilísimamente preparado por una primera parte de inferior calidad, pero muy funcional y que prepara al espectador para identificarse y hacer suyo el drama en la segunda parte.

Es La habitación del hijo uno de los mejores melodramas y más eficaces que ha dado el cine reciente y promete ser una película campeona en las taquillas europeas de los próximos meses. Su fuerza de contagio sentimental es un indicio firme de su gran alcance comercial, pues este tipo de obras no entienden de edades, de sensibilidades y de pulimentos culturales, y entran en el horizonte de cualquier espectador, desde un niño a un anciano y desde un analfabeto a un catedrático. Su claridad es positiva y la naturalidad pegadiza de las composiciones de Laura Morante y el propio Moretti garantizan, además, ganchos interpretativos muy sutiles e infalibles. Se ve cómodamente, con ligereza, con facilidad, y casi confortablemente, es doloroso, y esto es otra segura garantía de éxito multitudinario.

Una inesperada y buena sorpresa saltó, instantes antes de que se diera a conocer la Palma de Oro, al recibir La pianista, un bellísimo y durísimo filme franco-austriaco, no sólo el premio de interpretación a Isabelle Huppert, que estaba tan cantado como el de La habitación del hijo, sino también el de interpretación masculina al joven Benoit Magimel -que es, sin duda, merecido, pero discutible si se hace memoria de los excepcionales trabajos de Michel Piccoli en Vuelta a casa y Jack Nicholson en The pledge- y el Gran Premio del Jurado, nada menos que con categoría de réplica de tú a tú a la Palma de Oro, que recogió el guionista y director de esta arriesgada y excepcional obra, el dramaturgo y cineasta austriaco Michael Haneke.

Tres vértices

Nadie apostaba aquí un franco por La pianista, a causa de la aterradora dureza del relato y de la hermosa sinceridad con que su director y sus intérpretes afrontan el desafío -que requiere un acto de decisión profesional de gran coraje- de dar carne viva a la extrema y casi insostenible violencia, y al brutal dolor que se mueve en las complejas y oscuras tripas de esta obra magistral e incatalogable del cine reciente. Pero el jurado, en otro acto de coraje ejemplar, ha premiado los tres vértices de la fuerza trágica de esta película, lo que honra a Liv Ullmann, su presidenta, que no podía ocultar la satisfacción mientras anunciaba estos tres galardones.

Aunque es posible que los tres premios a La pianista fueran consecuencia de una componenda o una transacción, pues de otra manera no es explicable el doble premio a la mejor dirección que se llevaron los estadounidenses Joel Coen por The man who wast there o El barbero, y David Lynch por Mulhyolland drive, películas ambas hechas con gran oficio, realizadas con extraordinario esmero y exactitud, pero frías y desalmadas, sin el trabajo de buena dirección -y no de simple buena realización- que destilan otros filmes en concurso, que han sido injustamente silenciados, como Va savoir, dirigida por Jacques Rivette; Vuelta a casa, dirigida por Manoel de Oliveira, y Kandahar, dirigida por Mohsen Makhmalbaf.

Se merece, en cambio, su premio al mejor guión el joven cineasta bosnio Danis Tanovic, también director de esta excelente primera película, una comedia que con notable valentía saca, como si fueran chispas, carcajadas del pedernal de la feroz guerra que padeció su país. Y lo hace con comicidad esperpéntica, llena de violencia, cogiendo al toro por los cuernos y representando, sin ninguna protección en las espaldas, el salvaje atolladero moral y político de aquella catástrofe. No se trata ciertamente de una cosa fácil realizar una comedia sobre aquella tragedia, y Tanovic, con un juego de actores literalmente arrollador, lo consigue.

El jurado internacional que anoche decidió esta lista de películas y de cineastas premiados fue presidido por la actriz y directora noruega Liv Ullmann, y estaba compuesto, además, por la actriz francesa Charlotte Gainsbourg, el director francés Mathieu Kassovitz, el director chino de Taiwan Edward Yang, la actriz francesa Sandrine Kiberlain, el director italiano Mimo Calopresti, la actriz británica Julia Ormond, la directora tunecina Moufida Tlatli, el director estadounidense Terry Gilliam y el escritor francés Philippe Labro.

Laetitia Casta

Por otra parte, merece la pena sacar de la pedrea de los galardones extraoficiales, que carecen de relevancia informativa alguna, el Premio de la Crítica Internacional, que también fue para Nanni Moretti y La habitación del hijo 'por su descripción de la destrucción de una familia unida después de la muerte de un hijo'.

La sesión de clausura se cerró añoche con la proyección de Las almas fuertes, una película francesa dirigida por el chileno, afincado aquí desde hace decenios, Raúl Ruiz. El filme está sólidamente hecho y deja ver indicios de alto presupuesto, pero no es convincente, siendo su mayor -por no decir casi su único- atractivo la estrella creciente de la modelo Laetitia Casta, que aún está un poco verde como actriz, pero que tiene expresividad y eficacia fotogénica. La película es brillante, pero un poco plomiza y se resiente de una excesiva dependencia, en el tono y en el ritmo, del relato literario de Jean Giono de donde procede.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de mayo de 2001