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COLUMNA

¡Globalizados!

Cada vez que redescubro a Bush Jr. como emperador global, tiemblo y me pongo a considerar si se habrá equivocado el doctor Oró al predecir mil años de supervivencia al género humano. Mil años no es nada tal como crece la esperanza de vida; y, de globalizarse el bocadillo de calamares y el preservativo -son casi metáforas-, en diez siglos caben doce, quince generaciones, una miseria biohistórica si pensamos en los millones de años que le ha costado a la especie humana llegar a elaborar un Bush Jr.

El emperador presidía de facto la III Cumbre de las Américas convocada por el Gobierno canadiense y que ha terminado con 150 heridos, 37 de ellos policías y el resto contestatarios de la globalización realmente existente. Suele suceder que, en este tipo de choques, la policía quede menos lastimada que sus súbditos, y eso se debe a que a los unos les educan para ser emisores del porrazo, la bala de goma, el chorro de agua o la carga del Séptimo de Caballería, y a los otros, al enemigo, no se le ha enseñado cómo gritar consignas y eludir guantazos al mismo tiempo, y no es que sean más tontos los tomantes que los dantes, es que entienden de diferente manera la razón dialéctica.

La policía aisló la zona del encuentro entre tan altos visires y creó algo parecido a un alertante parque temático donde se manifestaran los insumisos. Si el aumento de perdedores sociales propicia emigración en el Tercer Mundo, en el Primero fomenta una lucrativa trama de cárceles, carceleros, verdugos y guardias privados. La desigualdad dialéctica entre globalizados y globalizadores se plasma en estas casi rebeliones primitivas premarxistas, y habrá quien pretenderá reclutar a los insumisos como profesionales. Fijos. Nada de chapuzas de contratos basura.

Bush Jr. sólo asume la ecología si propicia industrias y comercios lucrativos, y en mis pesadillas alguien le propone convertir la energía antiglobalizadora en industria del espectáculo. Antes de que caiga la década, la Walt Disney Corporation abrirá un parque en Chicago dedicado a la Revolución de Octubre, y otro en San Diego sobre el Muro de Tijuana, con globalizados, auténticos espaldas mojadas mexicanos, frente a globalizadores, también auténticos guardias USA, con los perros puestos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de abril de 2001