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Un centenar de países acuerda prohibir el uso de 12 contaminantes artificiales

Representantes de más de 100 países reunidos en la ciudad surafricana de Johanesburgo acordaron ayer acabar con la fabricación y el uso de 12 de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (POP según sus siglas en inglés), productos artificiales que por su fórmula son muy difíciles de eliminar en la naturaleza. Entre las sustancias prohibidas están los policlorobifenilos, las dioxinas, los furanos y varios insecticidas sintéticos como el toxafeno y el DDT. En general, todos ellos comparten la característica de ser contaminantes de gran estabilidad. Unos, se acumulan en los tejidos, sobre todo en las vísceras y en la grasa, por lo que transmiten su toxicidad a lo largo de la cadena alimentaria, hasta el hombre. Otros actúan desde el medio ambiente (suelo, aire o agua). Pueden provocar cáncer, alterar el sistema inmunológico, dañar a los embriones, el hígado, los riñones y al sistema nervioso o producir transtornos hormonales, entre otros males.

Pese al acuerdo inicial de la reunión, organizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, las delegaciones continuarán reunidas hasta el sábado. El principal asunto de debate es la necesidad de regular un periodo para la eliminación del uso de los productos, que se utilizan sobre todo en países en vías de desarrollo.

La prohibición del DDT es especialmente polémica. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente dos docenas de países utilizan este insecticida para combatir el mosquito de la malaria, una plaga que produce más de 300 millones de enfermos al año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de diciembre de 2000