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Reportaje:

Cerco a la enfermedad de Parkinson El trasplante de células del cuerpo carotídeo al cerebro prueba su eficacia en pacientes más jóvenes

¿Por qué en los enfermos de Parkinson las células de la sustancia negra se mueren y en las personas sanas no? Éste es uno de los enigmas aún no resueltos por la ciencia. La estimulación neuronal profunda con electrodos para bloquear los temblores parkinsonianos o la regeneración de los tejidos mediante el empleo de células madres son algunas de las soluciones propuestas por los neurocirujanos. Pero es el transplante de células del cuerpo carotídeo al cerebro la solución que por ahora parece más certera para ponerle cerco al Parkinson. El fisiólogo José López Barneo, pionero en este tipo de trasplantes, acaba de experimentar esta terapia con éxito en humanos. Después de dos años, los resultados son muy alentadores en los pacientes más jóvenes.

Células muy longevas

El Parkinson se produce por la destrucción de un grupo de neuronas productoras del neurotrasmisor dopamina, un aminoácido que activa las vías motoras. En España, al menos un 1% de la población mayor de 65 años está afectada por esta enfermedad, aunque cada vez hay más personas jóvenes, de alrededor de 50 años, que presentan un cuadro parkinsoniano, cuyos principales síntomas son temblores, dificultad para realizar movimientos y rigidez muscular.Recientes investigaciones en ratones y monos han permitido demostrar que es posible poner coto a la enfermedad. En humanos, una de las vías que ha demostrado eficacia es el autotrasplante de células del cuerpo carotídeo, unas células que liberan gran cantidad de dopamina y cuya misión es reemplazar las neuronas deterioradas de la llamada sustancia negra.

Nuevos retos

El cuerpo carotídeo es una pequeña glándula situada en el cuello, en la bifurcación de la arteria carótida, cuya función es medir el oxígeno que lleva la sangre y, en caso de que éste sea escaso, avisar al cerebro. En una situación de sobreesfuerzo, las células de este grupo glandular avisan al aparato respiratorio de esta carencia, para que aporte más oxígeno. Ha sido el biólogo y catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, José López Barneo (Torredonjimeno, Jaén, 1952), quien ha podido demostrar que el trasplante de células desde el cuerpo carotídeo, primero en ratas, más tarde en monos parkinsonianos y finalmente en humanos, produce evidentes mejorías, sobre todo en los enfermos más jóvenes; "tras machacar literalmente con nuestras investigaciones el cuerpo carotídeo durante más de 10 años", afirma.

El tejido trasplantado contiene células muy longevas, incluso después de su implantación en al cerebro, donde la mayoría de los trasplantes sobreviven muy mal debido a la escasez de oxígeno. A decir de López Barneo, sorprende su vitalidad. "Quizá porque su situación estratégica, y su particular función de células medidoras de oxígeno, las hace más fuertes, con mecanismos que aún no conocemos, que les permiten vivir en las condiciones más adversas", explica el biólogo.En cualquier caso, el cuerpo carotídeo es considerado ya como una alternativa al empleo de otras células productoras de dopamina, como las provenientes de embriones o fetos humanos, que plantean tantos problemas de inmunidad, además de conflictos legales y éticos. Según el investigador andaluz, tampoco el trasplante de células madre sería una solución definitiva en la terapia del Parkinson. En el cerebro, salvo algunas excepciones que se han probado muy recientemente, las neuronas no se reproducen y acaban muriendo. De esas excepciones recién descubiertas -reductos de células madre- sí se podría, teóricamente, regenerar tejidos cerebrales en laboratorio y, una vez obtenidos, no habría mayor dificultad en reemplazar los daños; en este caso aquéllos que en su proceso degenerativo o ya muertos dan origen al Parkinson. "Pero, esto, que parece muy obvio y evidente, no es tan fácil", explica López Barneo. "Porque, si las células se mueren, por una causa que hasta ahora nos es desconocida, reemplazar el tejido muerto no resuelve el problema de la causa de la muerte", resume.

En definitiva, en el cerco que los investigadores someten al Parkinson, el arma que está dando mejores resultados es el autotrasplante de células del cuerpo carotídeo. El grupo de investigadores que junto a López Barneo trabaja en esta posibilidad en la Universidad de Sevilla observó ya hace casi diez años que cuando se producía hipoxia (falta de oxígeno) las células de este grupo glandular generaban gran cantidad de dopamina, precisamente el neurotrasmisor del que carecen las células dañadas de Parkinson. Esto les indujo a pensar que el cuerpo carotídeo sería un buen donante para el autotrasplante en Parkinson.

El éxito del trasplante en los seis primeros enfermos de Parkinson, a los que el neurocirujano Ventura Arjona, jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, ha implantado células procedentes de su propio cuerpo carotídeo, ha sido total. A excepción del sexto, del que aún no se tienen datos evaluables, los otros cinco pacientes intervenidos en el último año y medio, o muestran una notable mejoría o, como mínimo, no han empeorado.

Después de esta primera experiencia piloto, el equipo de López Barneo ha podido establecer ya un mínimo protocolo que permitirá seleccionar un nuevo grupo de pacientes para un segundo programa de trasplantes. La conclusión de la primera experiencia clínica ha sido que los pacientes, cuanto más jóvenes sean, mejor. "Además, en contra de lo que se pensaba hasta ahora, nuestro procedimiento tiene, sobre todo, efectos más preventivos que curativos, es decir, que ofrecerá mejores resultados a los enfermos de menor edad", concluye.

El más joven de los pacientes operados tiene 48 años. Su cuerpo carotídeo está más sano que el de los pacientes de más edad, que presentan más dificultades para liberar dopamina. El tratamiento con levodopa se ha podido reducir en el joven paciente en más de un 50%, y, después de año y medio de seguimiento, los efectos positivos del autotrasplante se mantienen. Otros dos pacientes, también con edades próximas a los 50 años, han mejorado "entre un 20% y un 30%", según López Barneo . Y dos más, los últimos hasta ahora evaluados, con más de 65 años, "permanecen estables".

El próximo paso será el empleo del PET (tomografía de emisión de positrones). Esta técnica permitirá confirmar mejoría primero y luego la eficacia o no de los trasplantes en la estimulación de las neuronas enfermas.Quienes investigan saben que el más mínimo detalle de un descubrimiento es una nueva ventana que se abre al infinito. La última apertura que José López Barneo y su equipo han hallado -que les tiene fascinados y sorprendidos-, se basa en unos nuevos nuevos factores, llamados neurotróficos, que ahora están tratando de identificar. Estos factores son los que, en última instancia, y no la dopamina, como habían creído hasta hace unos meses, estimulan positivamente las neuronas del enfermo parkinsoniano que aún no se han muerto, para que sigan liberando dopamina. De este modo consiguen relentizar, detener o retrasar, en todo caso, la aparición de la enfermedad.

Pero esto, que apenas es una luz, tardará tiempo todavía en poderse demostrar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de octubre de 2000