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El 'crack' que llegó de México

Barcelona
Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Eloy Urroz, Vicente Herrasti y Ricardo Chávez, los seis batalladores escritores mexicanos del crack, nacieron entre 1961 y 1968, en los años del boom. Tiempos de gloria en que la literatura latinoamericana atravesó todas las fronteras y marcó el rumbo. Tiempos pasados que el Grupo del Crack utiliza como referente, pero también para desmarcarse. El crack parte de la amistad inicial de Jorge Volpi, Ignacio Padilla y Eloy Urroz, tres letraheridos que pusieron en marcha un taller de lectura para leer libros y comentarlos. Su primera aparición pública fue en 1994 con Tres bosquejos del mal, relatos largos de los tres que ahora acaba de publicar en España Muchnik Editores.

Con novelas, experimentos literarios y un manifiesto, seis escritores mexicanos buscan un lugar al sol

"Quisimos atrapar algo que se sentía en el aire. Después de un momento altísimo que fue el boom en los años sesenta, sentíamos como lectores, primero, que se había empezado a desgastar una serie de estereotipos literarios que en su tiempo había dado gloria a la literatura latinoamericana, pero que a finales de los setenta y en los ochenta había estado debilitando realmente las letras latinoamericanas", explica Urroz. "De alguna manera queríamos rescatar ese gran momento a través de nuestras obras y de nuestras lecturas. De ahí vino primero el nombre de Crack". "Mientras que boom significaba explosión, crack nos parecía el sonido de la fisura, de la ruptura", añade Palou.La pregunta es casi inevitable, ¿no ha habido literatura entre el boom y el crack? "Sí hay un hilo conductor entre el boom y nuestra generación del crack, que lo construyen autores mexicanos, pero también un autor muy querido y admirado por nosotros, Roberto Bolaño. Y en este hilo entre el boom y lo que nosotros estamos haciendo también se encuentran ciertos escritores españoles como Javier Marías, Antonio Muñoz Molina y Enrique Vila-Matas", contesta Padilla.

"Tres bosquejos del mal marcó el primer momento de lo que luego se conocería como el crack", cuenta Volpi. "Se nos ocurrió invitar a presentar el libro a Pedro Ángel Palou, al que no conocíamos todavía en persona, y asistieron, entre el público, Vicente Herrasti y Ricardo Chávez; por eso es un libro emblemático para nosotros y es significativo que se edite ahora en España".

"En 1996, gracias al apoyo de un editor que decide apostar por el grupo, publicamos una serie de libros a los que llamamos novelas del crack", afirma Volpi. Fueron El temperamento melancólico, de Volpi; Si volvieran sus majestades, de Padilla; La Rémora, de Urroz, y Memoria de los días, de Palou. Al año siguiente, Volpi y Urroz hacen un nuevo juego literario: "Dos novelas espejo", Sanar tu piel amarga y Herir tu fiera carne, sobre triángulos amorosos, que se pueden leer por separado, pero "en las que hay una serie de correspondencias", según Volpi.

En el lanzamiento de las primeras novelas del crack, sus autores leyeron un manifiesto. "Era en realidad un antimanifiesto, porque los manifiestos literarios, sobre todo en las vanguardias hoy llamadas históricas, eran firmados por una colectividad, y el nuestro estaba integrado por textos firmados por los autores y, sin ser antagónicos, eran muy heterogéneos; sin embargo, el gesto del manifiesto ocultó los textos de las novelas", dice Palou. Si el manifiesto no fue demasiado bien recibido en México, tampoco lo fue el que se hubiera formado un grupo. "El problema era que nosotros habíamos identificado un fenómeno y nos habíamos atrevido a ponerle nombre a un grupo, por eso nos decían autodenominado grupo: les parecía increíble que nosotros nos bautizáramos, que fuéramos transparentes en nuestras iniciativas", añade. "La golpisa" que les propinaron fue "verdaderamente inclemente". "Las novelas fueron criticadas incluso sin ser leídas. La crítica no criticó porque la crítica que no lee no puede criticar; se dedicaron a reaccionar, no a criticar", sostiene Vicente Herrasti, que en aquel momento era aún "un observador externo".

El grupo es compacto y van todos a una como en Fuenteovejuna. Unos escriben de los otros y los otros de los unos, se apoyan, cada uno defiende al otro. Los cinco crackers que han estado en Liber, en Barcelona (Chávez no ha podido viajar a España porque está con una beca de dos meses en Colombia) son unos excelentes comunicadores y logran transmitir su extraordinario entusiasmo por la literatura. En España, el Premio Biblioteca Breve a Volpi y el Primavera a Padilla ha respaldado al grupo y ahora empiezan a llegar libros de otros de sus miembros: Paraíso clausurado, de Palou, o Diorama, de Vicente Herrasti, ambos en Muchnik. Es Herrasti quien resume el gran empeño del Grupo del Crack: "Entre la literatura especulativa, la difícil, y la llamada literatura gratuita, a nosotros siempre nos ha preocupado la literatura de exploración, aquella que no termina en el punto final. Otra de las características en que coincidimos es el interés por las voces polifónicas, buscando siempre un concierto argumental de estas voces".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de octubre de 2000