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Fábricas de recambios

Fue la escasez de órganos para trasplantes lo que hizo volver la mirada de los investigadores hacia los monos, primero, y los cerdos, más recientemente, como fábricas de piezas de recambio para el organismo humano enfermo. El objetivo era conseguir una fuente inagotable de órganos, sobre todo, de riñones y corazones. Pronto, sin embargo, se abrió un agrio debate no sólo sobre la validez ética de estas prácticas, sino también sobre su fiabilidad como piezas de recambio. Un corazón de cerdo, aunque adecuado por su tamaño para ser trasplantado a un humano adulto, no es, evidentemente, idéntico a uno de persona, pero es mejorable mediante técnicas de ingeniería genética. Y hacia estas técnicas se orientó hace un año el Instituto Roslin, uniéndose a la vía emprendida por otros centros de investigación. El objetivo es humanizar el cerdo para evitar o minimizar el grave rechazo humano hacia los tejidos extraños, ya sea añadiendo genes humanos al cerdo o desactivando en éste los genes que originan el rechazo.

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Pero además de la adecuación de los animales, los especialistas estudian los riesgos de los trasplantes interespecies, sobre todo el peligro de contagio de patógenos de la especie donante al hombre. Si, por ejemplo, un virus porcino presente en el animal es capaz de infectar al receptor, el peligro no sería sólo para el individuo trasplantado, porque el patógeno podría proliferar en la nueva especie conquistada y convertirse en una plaga humana más. No hay que olvidar, por ejemplo, que el VIH del sida procede de la versión del virus en monos.

Uno de los estudios más amplios sobre este riesgo se realizó en 160 pacientes en Europa, Rusia y EE UU que habían recibido tejidos o células de origen porcino en diferentes terapias. La investigación se centró en la búsqueda del llamado retrovirus endógeno de origen porcino (PERV) que, como se había demostrado dos años antes, era capaz de infectar células humanas en condiciones de laboratorio. La conclusión, publicada hace un año en la revista Science, fue que el riesgo de infección por este agente en humanos era prácticamente nulo.

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