La vida en 350 genes

La comparación de los genomas entre sí, aparte del interés que tiene cada especie por separado, va a ser una fuente de sorpresas. Ya la comparación de genomas bacterianos está sirviendo para comprender los genes que son esenciales, y así se ha podido determinar el número mínimo de genes que necesita un organismo para sobrevivir, que no es más de unos 350. Se pueden clasificar de forma precisa especies que era difícil comprender, por ejemplo las arqueobacterias, bacterias que viven en ambientes extremos. Se ha visto que éstas contienen genes parecidos a la vez a las bacterias propiamente dichas y a los organismos superiores. Estos organismos, por su capacidad de vivir en ambientes como las altas temperaturas, altas presiones, concentraciones extremas de sales o metales, contienen genes de gran interés.Cuando vayamos acumulando información sobre genomas, el trabajo informático va a ser complejo y fascinante. El ordenador más potente del mundo ya se ha puesto a trabajar en tratar de deducir la estructura de las proteínas a partir de la información de los proyectos genomas. La red está siendo decisiva para acceder a esta enorme información y a los programas que permiten su análisis.

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La comparación de genomas permite deducir los elementos importantes y los accesorios, y nos dará las bases para tratar de entender las diferencias entre especies. No parece dudoso el interés que tenga analizar un día las diferencias que hay, diminutas por lo que parece, entre el genoma del chimpancé y el nuestro.

Finalmente, la información sobre diversos genomas nos permitirá tratar de comprender cómo se fueron modificando los genomas, cómo fueron complicándose. Los datos que tenemos es que los genomas son sistemas muy fluidos en los que los genes están sometidos a la acción de elementos que se mueven en su interior y que los genes se forman por unión de fragmentos diversos que dan lugar a proteínas de funciones nuevas, en una dinámica que nos aparece como esencialmente caótica. Es en esta dinámica en la que se basa la evolución de las especies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 26 de junio de 2000.

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