Crítica:FERIA DE ABRIL
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Los derechazos dan tos

Pegaba derechazos Enrique Ponce y en la plaza no se oía más que toser. Algo pasa. Los españoles tosemos mucho últimamente y la Organización Mundial de la Salud (OMS para los amigos) le echa la culpa al tabaco, mientras otros sabios lo atribuyen al ozono. Sin embargo los ataques de tos, por lo menos en la Maestranza sólo se oían cuando Enrique Ponce pegaba derechazos y, ocasionalmente, cuando los pegó Rivera Ordóñez en su primera intervención.Dias atrás, lo habitual era oír olés cuando pegaban derechazos ambos artistas mas en la ocasión presente al público de la Maestranza los derechazos no le inspiraban olés y le entraba la tos.

Salieron unos toros que padecían invalidez, y en cuanto los ponían debajo de la acorazada de picar devenían modorros. Los dos que le correspondieron a Enrique Ponce tenían especialmente acusadas estas dolencias, ya es casualidad. Los dos del lote de Enrique Ponce comparecieron tropezando y dando tumbos, cual si se hubiesen pegado un chute; y uno volvió al corral, el otro no.

Jandilla / Ponce, Pedrito, Rivera Toros de Jandilla (dos devueltos por inválidos), discretos de presencia, inválidos, moruchos y modorros; 5º y 6º, que derribó, embistieron nobles

Sobreros: 1º, del mismo hierro; 3º, de José Ortega, terciado, aborregado. Enrique Ponce: pinchazo y estocada trasera (silencio); dos pinchazos, otro hondo, rueda insistente de peones y seis descabellos (silencio). Pedrito de Portugal: pinchazo, media y rueda de peones (silencio); estocada ladeada saliendo volteado (oreja con escasa petición y algunas protestas). Rivera Ordóñez: estocada muy trasera caída, rueda de peones y descabello (silencio); estocada trasera muy baja (aplausos). Enfermería: asistido Pedrito de Portugal de varetazo en un muslo y fisura en un dedo de un pie. Plaza de la Maestranza, 3 de mayo. 11ª corrida de feria. Lleno.

Más información
Pedrito de Portugal se lesiona el dedo de un pie

El sobrero que sustituyó al devuelto parecía su calco y también se desplomaba exangüe. El no devuelto hocicó al tomar el primer capotazo y volteó sobre los pitones componiendo una airosa voltereta, lo que le valió ser proclamado el rey del circo.

Ponce sacó a relucir su perfil voluntarioso, se situó porfión delante de semejantes especímenes, los molió a derechazos, incrustó algunos naturales de similar corte, y la gente se puso a toser.

Rivera Ordóñez, en su turno,agravó la situación. En vez de torear, duplicó y aun triplicó la cantidad de derechazos que perpetrara Enrique Ponce, y los míticos silencios de la Maestranza se convirtieron en un desafinado concierto de toses y ronquidos.

Toses, ronquidos y, con ellos, los timbrazos de los teléfonos móviles, que molestan a ciertos espectadores y, no obstante, tienen una función social de primer orden pues permiten desentenderse de lo que sucede en el ruedo y liberan frustraciones. Un móvil en la oreja inmuniza de los derechazos y sus secuelas.

Entrambos coletudos derechacistas intervino Pedrito de Portugal y alegró las pajaritas de la afición con su buen estilo capotero, con su decisión muletera, con sus intentos de torear al natural. No es que le salieran como dios manda, ya que le menudeaban los enganchones; mas alguna vez la misericordia divina le premiará dotándole del don del temple.

Al quinto toro, que saludó tirándole dos emocionantes largas cambiadas, le sacó Pedrito una tanda de naturales ceñida, honda y ligada, y de haberla repetido,ahora se estaría hablando -al hilo de la la moda- de su gloriosa resurrección. En cambio las series que sucedieron, y las que alternativamente ejecutó por la derecha, resultaban afeadas con los inevitables enganchones. Del volapié salió volteado Pedrito, y el sobresalto del percance provocó en una minoría de espectadores la petición de oreja, que el presidente se apresuró a conceder.

La oreja animó mucho y los mismos espectadores jalearon la paliza de arteros derechazos que Rivera Ordóñez pegó de consuno al sexto toro y a la indefensa afición. Este joven parece como si el derechazo lo hubiese aprendido en jueves. Y ya no se oyeron más toses. Pero, a cambio, nos dejó de los nervios. Y no se sabe qué es peor.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por nuestros mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS