Reportaje:

Adiós al siglo desde la capital comunitaria

El último lustro del siglo ha deparado emociones sin cuento a los protagonistas de la Europa en construcción y a los periodistas que han (hemos) tenido la suerte de cubrirlo desde Bruselas.

En tan apretado calendario se han alumbrado grandes proyectos integradores que eran impensables poco tiempo antes: la creación de la moneda única, pese a todas las reticencias y los escepticismos sin cuento; la liberalización de los controles personales en las fronteras (Convenio de Schengen, nuevo Tratado de Amsterdam), y el inicio de una política exterior común.

La Europa comunitaria se unía -y se extendía, con la ampliación nórdica, digerida prácticamente sin problemas- y tendía nuevos lazos con América Latina (a través de los acuerdos con Mercosur y con México) y con el sur de la cuenca mediterránea.

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Mientras tanto, el Este europeo se sumía en el desmembramiento o en la inestabilidad: desde la capital comunitaria se le tendieron, aunque tímidamente, las manos. En los países de la zona surgió una nueva generación de líderes -en su mayor parte, de perfil socialdemócrata- todavía a prueba. Su gran asignatura pendiente: el empleo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0030, 30 de diciembre de 1999.

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