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Alberto Schommer publica un relato fotográfico del litoral de Guipúzcoa

Hablar de la obra de Alberto Shommer es conocer los paisajes del País Vasco, descubrir estampas que se pierden por cotidianas. El fotógrafo reincide en sus obsesiones y presta ahora su mirada al mar Cantábrico en Itsasoa, un libro eminentemente visual que edita Kutxa. La publicación, prologada por Rafael Aguirre Franco y Patri Urkizu, muestra un centenar de instantáneas que Schommer captó con su cámara durante cinco meses de paseos de trabajo por la costa guipuzcoana.

Itsasoa cierra una trilogía que lleva el sello artístico de Alberto Schommer. En 1994 se publicó Azul; dos años más tarde, Verde, y ahora con Itsasoa se completa una serie dedicada a diferentes aspectos sociogeográficos de Guipúzcoa.En su último trabajo el artista, colorista en las anteriores entregas de la trilogía, sorprende con la utilización del blanco y negro, aunque no es algo que extrañe en él. "Así", asegura, "consigo dar más morbo a la forma de contar historias de mis libros". Porque Itsasoa no deja de ser un relato, visual, pero relato. El artista ha vertebrado su trabajo mucho más allá de la mera estética. Los paisajes y los personajes hablan de sí mismos. Es lo que buscó Schommer y lo que se ha encontrado. "Los hombres de la mar", dice, "parecen rudos, pero tienen la sensibilidad en las manos, la vista aguda y entrañables sentimientos". El artista los retrata descargando pescado en el muelle, pero también en sus momentos de ocio, sentados a la mesa de un bar. Sabe que falta una imagen; la del momento del "levantamiento de redes" que, confiesa, le resultó imposible conseguir.

Itsasoa reúne un centenar de fotografías, fruto de más de cinco meses de trabajo en los que Schommer convivió con el mar. Y de ahí surge la imagen de las gaviotas que buscan refugio en la playa a la espera de la tormenta o la de la famosa barandilla de la Concha que la sombra dibuja en la arena. El artista retrató también la quietud de un mar convertido casi en lago y su agresividad en los días de mareas más vivas. "Muchas veces", dijo ayer, "tuve que permanecer prácticamente debajo de la ola para obtener la imagen que quería del mar embravecido".

Todas las fotografías se reprodujeron por un sistema similar a la cuatricromía, para lograr afinar en la definición de los matices del blanco y el negro y ese cuidado asoma en cada página del libro.

El artista acaba de concluir este proyecto sociogeográfico y piensa a largo plazo en un trabajo más urbano. Ayer anunció que pretende publicar Euskadi 2000, un libro para reflejar el cambio experimentado por las grandes ciudades vascas durante los últimos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de diciembre de 1999

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  • La obra, editada por Kutxa, reúne un centenar de instantáneas