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"¡Heil, Schicklgruber!"

Kershaw inicia su Hitler con algo que parece una boutade, pero que da una idea de la cantidad de concatenaciones que hicieron posible a Hitler: si su padre, Alois, no hubiese cambiado su apellido en 1876 por el de Hitler, Adolf se hubiera llamado Schicklgruber. "Ciertamente, ¡Heil Schicklgruber! hubiera resultado una salutación impropia para un héroe nacional", apunta con humor británico. Al planteársele qué cuestión le hubiera formulado a Hitler, qué cree que permanece en la oscuridad y sería fundamental para entender la personalidad de Hitler, señala que le hubiera preguntado "por qué y cuándo llegó a odiar a los judíos de esa manera tan feroz". Y añade: "Pero le diría que sólo tengo 15 minutos para escuchar su respuesta y, por supuesto, no confiaría en que me dijera la verdad".Del liderazgo militar de Hitler considera que, como en política, "tenía cierta sensibilidad en detectar la debilidad del enemigo", y que mientras Alemania hizo una guerra ofensiva tuvo algunas decisiones efectivas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de octubre de 1999